Guanaja, Islas de la Bahía.

Nury Hunter es una residente de barrio Punta Caliente, quien con lágrimas y refugiada en un matorral vio cómo el fuego dejó reducidas a cenizas un centenar de casas, entre ellas, su pulpería, que con sacrificio montó en el cayo.

A las 2:30 am del sábado, su hermana Claudia Inés la fue a despertar por el alboroto del incendio. Por un momento creyeron que lo controlarían; sin embargo, pronto este creció de forma acelerada, y sin poder tomar algo de su hogar o negocio, junto con su madre Gladis Hunter (de 56 años), su tía Albaluz Hunter (de 47) y su hermana, corrieron al “monte” al otro lado de el cayo, en el sector conocido como Pichete, y desde ahí presenciaron cómo el fuego arrasaba con todo a su paso.

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“Mi mamá, mi hermana y mi tía se dedicaban a vender carnitas. Cada una tenía su negocio y lo perdieron absolutamente todo, al igual que yo. Cuando regresé a ver el lugar de mi casa comencé a llorar al ver que no había quedado nada de mi negocio, necesitamos ayuda”, agregó.

Nohely Nadine Alvarenga (de 24) es enfermera en el centro de salud de Sabana Bight y relató que con sus dos tíos y abuela de 90 años vivieron una noche de terror. Cerca de las 2:30 am, los vecinos gritaban: “¡Un incendio. Viene el fuego salgan!”. Los alertaron y salieron sin tiempo de tomar algún objeto.

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“Aún no lo puedo creer, gracias a Dios estamos con vida junto con mi abuela Janeth Carmela Ezekiel, mi tía Roshelly Bodden y mi tío Larry Ezequiel Marroquín. No pudimos salvar nada material, pero sé que son cosas que se pueden reponer con el tiempo. Fue una experiencia horrible, nunca nos había pasado esto. En la madrugada, la gente gritaba por el fuego y que todos salieran para no morir por las llamas”, comentó.

La familia se refugió en una estructura cercana, sin embargo, el fuego se expandió a ese punto y tuvieron que huir con otras personas al barrio Pelícano. En esa zona, que resultó librada del fuego, se refugiaron en la bodega de un primo.

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“Había hombres que trataban de controlar el fuego, pero cuando vieron que no podían, todo mundo comenzó a llamar al Gobierno y otros buscaban ayudar con bombas; pero las cosas se complicaron rápido”, agregó.

Osiris Pineda, quien labora como dependienta, se tuvo que lanzar con sus familiares de una ventana en el tercer nivel de su casa para poder escapar del fuego voraz que los rodeó.

La mujer relató que el fuego se expandió rápidamente y llegó a su vivienda. Las llamas entraban por las puertas, ante el asombro de los presentes. Los residentes de su casa tuvieron que tirarse por las ventanas de la tercera planta y correr en dirección al mar para salvar sus vidas porque el fuego les impedía el paso por la calle y las dos casas anexas se desmoronaban y caían a pedazos.

Aquí mismo:

“Vivíamos seis adultos y cuatro niños. Solo resultamos con golpes porque hubo que saltar. Yo pensé que iba a quedar ahí, pero gracias a Dios que pudimos salir hacia el lado del mar, ahí nos recogieron en lancha porque por la calle no podíamos salir. Los vecinos quisieron ayudar con baldes de agua, pero fue imposible, las casas eran de madera y viejas, y eso facilitó la expansión del fuego”, lamentó.

Para ayudar a Nury Hunter llame al 8733-2091, y a Nohely Alvarenga al 9575-6427.