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'Los hondureños viven en permanente Viernes Santo”

  • Actualizado: 29 marzo 2013 /

Monseñor Juan José Pineda dijo que el llamado de la Iglesia es a los fieles para que sean fuertes.

Fe, pasión y devoción. En Tegucigalpa, el camino de Jesús por la Vía Dolorosa revivido en cada recreación
artística, recordó a los católicos y hondureños en general que la
muerte del Hijo de Dios debe valer la pena.

En cada parroquia
y en cada punto cardinal de la capital, la crucifixión del Cristo se recordó con fe porque fue un acto de sacrificio único.

Cientos de feligreses renovaron su fe al sumarse a los actos litúrgicos encabezados por los jerarcas de la Iglesia.

El obispo Juan José Pineda dijo que Honduras es un pueblo lleno de fe, y por eso es necesario que nos solidaricemos con los miles de hondureños que viven en estado permanente de Viernes Santo y lo hacemos proclamando nuestra fe.

Pineda sustituyó al cardenal Óscar Andrés Rodríguez que por primera vez en muchos años no lidera este viacrucis debido a una lesión en uno de sus tobillos.


El llamado de la Iglesia es para que los hondureños seamos fuertes, que carguemos con nuestra cruz, que seamos fieles a las sagradas escrituras, porque solo de esa forma seguiremos el camino de Jesús, solo así lograremos la resurrección y la vida eterna.


Se señaló, además, que sigue en ascenso la paternidad irresponsable, la injusticia social, y se cuestionó que muchos nos quieren despojar de la comunión, de la paz, e incluso del país, de la tierra que nos vio nacer.

Las escenas revividas en cada estación recuerdan lo que el Salvador del Mundo pasó antes de su muerte, todo por salvarnos, por demostrarnos su amor infinito.

Coloridas alfombras

La avenida Cervantes se tiñó de múltiples colores. En más de 600 metros de longitud centenares de voluntarios y miembros de las diferentes parroquias capitalinas vivificaron con aserrín la Pasión de Cristo, las mujeres prominentes de la Biblia, y la importancia de vivir en paz.

En este sendero de fervor y arte religioso, miles de personas acudieron a presenciar y a ser partícipes de una obra de fe que sirve para unificar los principios bíblicos y la fe cristiana.

Con cuadros vivos recuerdan
martirio de jesús en la cruz

La juventud de Honduras sintió en carne propia, aunque quizá con menos dolor, el suplicio que vivió el Señor al ser llevado cruelmente a la cruz.

Con impresionantes cuadros vivos que no solo reviven la crucifixión del hijo de Dios, sino que mantienen con vida las costrumbres y tradiciones religiosas de Semana Santa, se vivió en las ciudades del interior el Viernes Santo.

En Olanchito, cientos de feligreses participaron en el recorrido del viacrucis que comenzó en el templo de la iglesia católica hasta llegar a la Cruz del Perdón en la salida hacia Agalteca.

En Sabá, la procesión del viacrucis también fue acompañada por cientos de fieles que caminaron hasta la cruz del perdón.
El padre Antonio Marcia encabezó el viacrucis.

“Recordamos el sacrificio que hizo nuestro Señor al cargar la cruz, para algunos la cruz es un árbol maldito, pero para nosotros es un árbol bendito”, dijo.

En Santa Bárbara, los pateplumas recorrieron las 15 estaciones del viacrucis haciendo énfasis en que Jesús murió pero que resucitó entre los vivos.

Los católicos que se sumaron a la peregrinación pidieron para que en cada hondureño resucite de la ola de violencia que sume al país.

En La Ceiba

Durante ocho años consecutivos, el grupo juvenil San Juan Bautista de la iglesia católica de este municipio dramatizaron el viacrucis que junto a la población se ha convertido desde entonces en una verdadera expresión de fe y devoción.

En La Ceiba también se vivió con intensa devoción el recordatorio de la muerte de Jesús y todos coincidieron en que su sacrificio no debe ser en vano.

Monseñor Miguel Leninhan, obispo de La Ceiba, acompañó todo el recorrido de la Vía Dolorosa.

“Ya nos más muertes e injusticias, lamentablemente los seres humanos no queremos cambiar nuestras actitudes, cada día hay más violencia, crímenes, secuestros y asesinatos; en
vez de crear una cultura de paz se fortalece una de muerte.
Dios nos ama
y él no quiere nuestro sufrimiento, sino
nuestra felicidad”.