Piden usar lagunas para control de inundaciones en valle de Sula

Técnicos ambientales urgen que el Gobierno ponga atención en la conservación de las lagunas de Ticamaya y Jucutuma.

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Tomas aéreas de ayer muestran el estado de las lagunas de Jucutuma (izquierda) y Ticamaya (derecha), las cuales si bien se llenaron con el paso de Eta y Iota sufren otros desafíos ambientales que deben atenderse.
Tomas aéreas de ayer muestran el estado de las lagunas de Jucutuma (izquierda) y Ticamaya (derecha), las cuales si bien se llenaron con el paso de Eta y Iota sufren otros desafíos ambientales que deben atenderse.

San Pedro Sula, Honduras.

Los recursos que el Gobierno planea destinar para la reconstrucción de represas y reparación de bordos, también deben estar enfocados al desarrollo de infraestructura que permita aprovechar las crecidas del Chamelecón y Ulúa, tal y como lo hizo a principios del siglo pasado la Tela Railroad Company para irrigar las bananeras a través de compuertas en los ríos.

“Es un proyecto ambicioso, pero y ¿por qué nosotros no lo podríamos tener para garantizar el espejo de las lagunas Ticamaya y Jucutuma? Solo pensamos en cerrar con bordos y proteger, de lo cual estoy totalmente de acuerdo, pero también por qué no pensar de qué manera aprovechar ese recurso agua”, dijo Manuel Iraheta, director de Medio Ambiente de la Municipalidad de Choloma.

A causa del verano prolongado, el volumen de agua de ambas lagunas ha bajado ostensiblemente, aunado al daño ambiental al que se exponen estos ecosistemas y más la lechuga acuática que prolifera a un ritmo acelerado, los técnicos urgen que el Gobierno ponga atención en la conservación de los humedales.

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Tales ecosistemas ofrecen servicios naturales para el control de inundaciones, reposición de aguas subterráneas, estabilización de costas y protección contra tormentas, retención de sedimentos y nutrientes, depuración de aguas, reservorios de biodiversidad, recreación y turismo, mitigación y adaptación al cambio climático, y otros más.

“Hacen falta muchos recursos, pero por sobre todo mucha voluntad del Gobierno para desarrollar aún más estos humedales. Al fin y al cabo, la Municipalidad de Choloma solo somos administradores de un bien del Estado, porque un área protegida es un área nacional”, dijo Iraheta.

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Técnicos de distintas instituciones visitaron los sitios ayer.

Bajo decreto 169-99, el Gobierno estableció que Ticamaya es zona protegida de usos múltiples orientada al turismo. La Municipalidad de San Pedro Sula también ha liderado esfuerzos para que Jucutuma reciba la misma mención.

Técnicos de la oficina noroccidental del Instituto de Conservación Forestal (ICF), en compañía de la Gerencia de Ambiente de la Municipalidad de San Pedro Sula y la Unidad de Gestión de la municipalidad de Choloma, tuvieron ayer una reunión a propósito de la iniciativa denominada Ecosistemas de reforestación bajo el Proyecto Zero CO2, promovida por la Embajada de Honduras ante la Santa Sede del Vaticano a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, y liderada por la textilera Grupo Elcatex, el Centro Asesor para el Desarrollo de los Recursos Humanos y la Universidad Nacional de Ciencias Forestales, con el fin de implementarse en las lagunas de Jucutuma y Ticamaya.

“La idea es emular un proyecto que ya se está desarrollando con éxito en México, y que posiblemente pueda desarrollarse en ambas lagunas. El proyecto consiste en que se direccione el uso de la tierra y a través de alianzas se puedan sembrar árboles frutales y tener otros aprovechamientos para que las lagunas también tengan mayor protección”, agregó el director de Medio Ambiente de la Municipalidad de Choloma.

Además, pronto se firmará un convenio de comanejo entre el Gobierno, representado por el ICF, la Municipalidad de Choloma, propietarios de terrenos que colindan con la laguna de Ticamaya y la comunidad, con el cual se buscará plasmar cómo sostener, mantener, desarrollar y cuidar este ecosistema.

La laguna de Ticamaya cíclicamente se ha secado en tres ocasiones. Primero en 1954, luego en 1973 y la más reciente, poco antes de Eta y Iota. Por coincidencia, cuando ha ocurrido este fenómeno, es antes de un huracán o inundación.

Sitios Ramsar

Honduras cuenta con once humedales de importancia internacional ante la Convención Ramsar a la que se adhirió el 23 de octubre de 1993 y el Gobierno ratificó el 18 de junio de 2007, mediante un acuerdo ejecutivo.

Tales sitios reciben esa categoría debido a su riqueza biológica y porque sirven de refugio a aves acuáticas migratorias y estacionales. A través del tratado internacional se busca proteger estos cuerpos de agua vitales para la supervivencia del ser humano y otras especies.

Así, en 1971 se organizó la Convención de Ramsar (llamada así porque se firmó en la ciudad iraní del mismo nombre), un tratado intergubernamental que sirve de marco para las acciones nacionales y de cooperación internacional para conservar y hacer un uso racional de los humedales y sus recursos.

“Al inscribirse a este trato internacional, como país nos comprometemos a la conservación de este tipo de especies. Este tipo de tratados es importante que sean conocidos a nivel nacional, porque son compromisos de país y todas las actividades o las modificaciones de los espacios de la biodiversidad se reflejan a nivel internacional. Quedamos mal en el sentido con esas convenciones, ya que no les damos el debido interés a lo que son este tipo de ecosistemas”, explicó Brenda Darlenne Flores, analista ambiental de la Dirección de Biodiversidad de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (MiAmbiente+).

El Gobierno, a través de esta dependencia, tiene programado incluir a Jucutuma y Ticamaya como los dos sitios nuevos de importancia internacional bajo la Convención Ramsar, con lo cual daría la posibilidad de acceder a recursos, pero sobre todo a un verdadero compromiso para que puedan conservarse.

“La naturaleza es sabia, porque en 2019 Jucutuma estaba perdiendo su espejo de agua debido a la problemática que hay de un dragado, pero con Eta y Iota se recuperó. Tenemos que aprender a escuchar lo que la naturaleza nos está diciendo y los pobladores de la zona nos han dicho que ese ciclo se cumple cada 23 años”, agregó Flores.

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Técnicos de distintas instituciones visitaron los sitios ayer.

Actualmente, en Ticamaya, el principal desafío es la lechuga acuática, misma que puede observarse en el Lago de Yojoa, y la que hace que se pierda la cobertura del espejo de agua en lagos y lagunas. “La laguna se produce por el exceso de nutrientes en un espacio y esos nutrientes hacen que se genere esa alga. Esos nutrientes vienen a través de todas las corrientes que traen pesticidas, plaguicidas, aguas residuales y eso hace que afecte a nuestras lagunas y por ende a cualquier tipo de ecosistema”, añadió Flores.

La Municipalidad de Choloma ha liderado esfuerzos por limpiar la Laguna, pero debido a que la extracción se hace de manera artesanal y la misma crece a ritmo acelerado, son casi en vano. Para los técnicos otro obstáculo es que hasta el momento no existe un mercado adonde comercializar los lirios acuáticos para obtener ingresos y tener la laguna en óptimas condiciones.

En México, algunas empresas lo están empleando para la fabricación de papel, fibras textiles y fertilizar suelos. También para filtrar aguas contaminadas debido a su gran capacidad de retener metales pesados.

La Prensa