Hay historias no contadas públicamente de hondureños que en los últimos meses han viajado a España con invitación de hotel confirmada, dinero en efectivo o con tarjetas de crédito que respaldarían su estadía en la Madre Patria, pero no han salido del aeropuerto de Barajas de Madrid.
Son los nuevos retornados de la última frontera, de la frontera de la desesperación que hasta hace poco era segura, confiable y se abría por los aires para los inmigrantes, pero que ya se cerró. No valen justificaciones de invitación, dinero o tarjetas de crédito; después de un interrogatorio corto es fácil para las autoridades españolas saber quién es un instruido turista o un simple inmigrante disfrazado de falso turista.
Éste sólo es un ejemplo del pánico desatado en Europa contra la inmigración latinoamericana; es un paralelo de las cacerías xenófobas observadas en áfrica, menos salvajes, más cultas y hasta legalizadas, que Europa está aplicando de manera implacable contra la inmigración latina y africana.
Es un sentimiento que se está extendiendo por toda Europa, desde España, Italia, Francia y pronto por toda la Unión Europea. No los quieren en casa, ni en ninguna parte del mundo. El gran éxodo latinoamericano, unido al éxodo africano son la nueva diáspora del mundo; una movilización migratoria obligada de personas, tan grande en la historia como pocas. Y ante esa masa humana hambrienta, sedienta y enferma se cierra la última frontera que quedaba abierta, la del humanismo, la de la misericordia.
Italia ya convirtió en delito la inmigración ilegal castigando con penas que van desde las seis meses a los cuatro años de cárcel. El que era un proyecto nada más, rechazado en su momento, de aumentar el tiempo de detención preventiva de los ilegales de 40 a 70 días hoy no sólo se aprueba, también se aumenta exageramente de seis a 18 meses de detención preventiva.
También están pensando en lo impensable hasta hace poco: salir a patrullar las fronteras con áfrica, como si fuera una guerra, como si se tratara de evitar la entrada de una plaga. Europa se está volviendo bárbara, Europa está volviendo a la obscuridad de la que salió hace mucho. Utilizando la teoría de echarle la culpa al último que entró, están achacando todos sus males a la inmigración ilegal para justificar el caos social que se cierne sobre sus estados, no hay mejor culpable que la inmigración latina y africana. Hay que cerrar puertos y aeropuertos.
Hay que encarcelar a los inmigrantes. No, eso no debe ser así. Europa tiene que mirar a áfrica y América Latina y buscar su desarrollo, lo que tienen hoy son las masas moviéndose por el hambre, por el desempleo y la falta de oportunidades, si no quieren que esas masas sigan invadiendo Europa, miren hacia acá, no compartan de lo que les sobra, inviertan en lo que puede ser su futuro más seguro o más incierto, dependiendo de su decisión de vernos como una plaga o como seres humanos necesitados de ayuda y de su compasión.