25/07/2026
08:12 PM

Ganas de hablar

Como vivimos en un país en el que, afortunadamente, existe una irrestricta libertad de expresión, en el que cualquiera puede llamar a la radio, e incluso a la televisión, para decir lo que piensa, no importa lo absurdo o ilógico de sus ideas, el reciente accidente ocurrido en el aeropuerto de Toncontín nos ha dado la oportunidad de escuchar opiniones sensatas, comedidas y tendentes a buscar soluciones a la problemática que enfrenta la principal terminal aérea de Honduras, y, al mismo tiempo, oír comentarios y sugerencias que dan vergüenza ajena y que sólo reflejaban la ignorancia de quienes las emiten. Gente que habla porque aunque no tiene nada que decir sí tiene ganas de hablar.

    Como vivimos en un país en el que, afortunadamente, existe una irrestricta libertad de expresión, en el que cualquiera puede llamar a la radio, e incluso a la televisión, para decir lo que piensa, no importa lo absurdo o ilógico de sus ideas, el reciente accidente ocurrido en el aeropuerto de Toncontín nos ha dado la oportunidad de escuchar opiniones sensatas, comedidas y tendentes a buscar soluciones a la problemática que enfrenta la principal terminal aérea de Honduras, y, al mismo tiempo, oír comentarios y sugerencias que dan vergüenza ajena y que sólo reflejaban la ignorancia de quienes las emiten. Gente que habla porque aunque no tiene nada que decir sí tiene ganas de hablar.

    Hablar de cerrar Toncontín es una tontería. El Estado hondureño tiene un compromiso con una empresa que ha invertido millones de dólares en su mejoramiento. Un contrato como el que liga al Estado con Aeropuertos de Honduras no puede rescindirse de un día para otro, a menos que se esté dispuesto a pagar la inversión hecha en el aeropuerto, más los daños y perjuicios causados a un grupo de empresarios que, buscando la legítima ganancia, han arriesgado su capital y no permitirían que se evaporara de la noche a la mañana. Además, si líneas aéreas estadounidenses, con todo y lo compleja que es la legislación norteamericana para procurar la seguridad de sus ciudadanos, hacen uso de Toncontín es porque ofrece unas condiciones mínimas para poder operar en él.

    Aprovechando la coyuntura, no han faltado, no podían faltar, los antiimperialistas trasnochados que han exigido el cierre de la base de Palmerola para convertirla en aeropuerto comercial, alegando que la permanencia de efectivos del ejército estadounidense en ese lugar es una violación a nuestra soberanía y no sé que otra retahíla de simpáticas ocurrencias.

    España, Alemania, Japón, Arabia Saudita y la misma Cuba tienen en su suelo bases militares norteamericanas. Circunstancias históricas determinadas han hecho necesaria la presencia de contingentes militares procedentes de países amigos con los que se han contraído compromisos y firmado acuerdos que tampoco pueden desconocerse repentinamente, ignorando el Derecho Internacional e irrespetando la voluntad del Estado que supera regímenes y gobiernos temporales.

    Si Cuba ha tenido que tolerar Guantánamo es porque debe honrar un convenio establecido desde antes de la llegada de Fidel, y ahí no hay vuelta de hoja. Por otro lado, Honduras necesita, hoy más que nunca, la ayuda de Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico y, aunque haya a quien no le guste, Palmerola es una necesidad. Que llegará el momento en el que Toncontín se convertirá en una terminal doméstica y que Comayagua es una excelente opción para establecer ahí un aeropuerto internacional no cabe duda, pero pretender que eso suceda en un abrir y cerrar de ojos no es más que ganas de hablar.