24/11/2025
09:51 PM

El miedo en la política

Estoy leyendo la reciente obra de Al Gore 'El ataque a la razón', por la cual obtuvo el premio 'Príncipe de Asturias 2007'.

    Estoy leyendo la reciente obra de Al Gore 'El ataque a la razón', por la cual obtuvo el premio 'Príncipe de Asturias 2007'.

    Al Gore, vicepresidente de los Estados Unidos de 1993 a 2001, y candidato del Partido Demócrata derrotado en el año 2000 gracias a un escandaloso fraude electoral en el estado de la Florida, es un hombre dedicado ahora a la causa del ambiente y a una constructiva reflexión política para fortalecer la democracia.

    De entrada la portada de la obra dice lo esencial: 'Cómo una política basada en el miedo, el secretismo, el partidismo y la fe ciega, erosionan la democracia y ponen en peligro a los Estados Unidos y al mundo'.

    A veces la razón disipa el miedo, dice, pero el miedo anula con más frecuencia a la razón... el miedo, escribe, puede desencadenar la tentación de entregar la libertad a cualquier demagogo que prometa a cambio fuerza y seguridad.

    Hace mucho tiempo vi una película de fino humor que se llamaba 'Ahí vienen los rusos', se trataba de una pequeña comunidad de los Estados Unidos que entró en un pánico incontrolable ante el rumor, echado a rodar con fines evidentes de control social, que las tropas soviéticas estaban por invadir tal comunidad; tal anuncio generó entre los pobladores, predicadores y autoridades un comportamiento que iba de lo lamentable a lo ridículo.

    Las más crueles dictaduras en América Latina se han sustentado en el miedo y este miedo ha justificado la cancelación de derechos y libertades y la tortura, la persecución, el asesinato; las proclamas de toma del poder por los militares, todas muestran el fantasma del comunismo; ¡defendían la democracia instalando la dictadura!

    En Honduras hubo tiempos en que el miedo hábilmente manejado controlaba la población; las crisis en las alturas del poder se cubrían con noticias que filtraban el temor en los hogares y en los espíritus, y esto facilitaba el totalitarismo; en tiempos de Suazo Córdova se machacaba: los subversivos están en todos lados, en los sindicatos, en la Universidad, en la Iglesia y en el mismo Ejército, hay que denunciarlos, descubrirlos, exterminarlos; para los subversivos no hay derechos humanos.

    Ahora el fantasma es la alteración del orden constitucional; toda persona que proteste o se enfrente a 'las verdades' de los círculos dirigentes, atenta contra el Estado de Derecho.

    En Honduras en los últimos veinticinco años el único atentado real al orden constitucional y al Estado de Derecho estuvo a punto de consumarse cuando un grupo de diputados pretendió reformar la Constitución para propiciar el continuismo de Suazo Córdova.