Telón! Escenario: una deforestada y descarburantada hacienda de 112 mil kilómetros cuadrados. Utilería: caballo o moto, sombrero y botas.
Personajes, igual que en la vaquería, dividirlos en mayordomos, arrieros, campistos, chalanes, queseros, ordeñadores, enrejadores y lecheros.
Primer capítulo: El jinete sin cabeza, como su nombre lo indica, no tiene sesera. Padece el mal de feudalismo: exhibicionismo a ultranza. Su megalomanía lo hace aparecer, cual vitrina, en un corcel enjaezado a lo persa en las ferias pueblerinas o aparatando en moto, con chumpa de hippie trasnochado; tocado de casco o charra. Rodeado, siempre, por una cohorte de lamebotas de altura al comienzo del desfile. Después, el peso del despelote, lo ejecuta una comparsa de agitados guardias que sudan la gota gorda, rifle en ristre y en carrera apuntándole, bala en boca, a la dudosa intención terrorista de la pedestre chusma.
El de-testa-do chalán hace gala, en su embeleco de cowboy, de morir con las botas puestas. Gasta, a lo Fox, encasquetado hasta las orejas un típico sombrero tejano, adminículo que evita la evaporación desmedida de cualquier peregrina idea que se atreva a expeler su limitado magín.
Su pasión de celoso centauro lo ha hecho encadenar el balido de cuanta oveja, semoviente o animal parlante ronde su potrero o brame la contraria en los linderos de su borreguil hato.
El jinete sin cabeza es chúcaro, cual potro cerril, ante los rastreros del patio y manso cordero, como señala el Himno Nacional, ante el mandato imperioso del amo.
Su vocación toril lo hizo mal repartir la hacienda pública. En tal rebatiña: hay rebeldía en la montada tropilla de sus compañeros de viaje. La mayoría, arrieros de pacotilla, que en el camino andan... Uno quiere quedarse con la lechería entera. Otro, conocido abigeo, quiere darle tuste al queso y a la mantequilla crema-tística. Estotro, pese a estar pegado a la ubre, cabildea desde el mero bramadero del corral, no sólo por el suero, sino por quedarse con la vaca entera. Aqueste, que tiene al toro por los cuernos, muge, fuercero por seguir pegado a la teta. Y Peren-Cejo, conocido por su nocturnidad, trampa y 'ñurda', como siempre, cae para arriba.
El coro, desde el establo, apunta: 'Culpable: él, que mata la vaca; también quien le coge la pata'. ¡Telón!