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Termómetro en el IHSS

  • 15 septiembre 2016 /

    La entrega de medicamentos se ha convertido en la expresión de descontento o satisfacción en los derechohabientes que miden la recuperación del Instituto Hondureño de Seguridad Social, IHSS, sin echar mano a las estadísticas, cifras o porcentajes, sino simplemente al efecto que puede tener la receta del médico en la ventanilla de la farmacia.

    Las decisiones de la Junta Interventora han rescatado parcialmente a la institución, pero fue tanto el daño, a apunto de la quiebra, que para su recuperación total habrán de pasar décadas y sobre todo habrán de llegar al IHSS profesionales con ética, solidarios con la población cuyas cuotas mensuales dan derecho a la consulta médica, hospitalización, medicamentos, cobro por incapacidad, pensión o jubilación. Un sistema social en el que el que no necesita aportar para quienes requieren por accidentes, enfermedades o vejez, no para el saqueo, la corrupción o el robo.

    Hace ya un año, con la nueva Ley de Protección Social aumentó la cotización, distribuida en el empleado y el empleador, sin excepción alguna, por lo menos en teoría, puesto que en numerosos organismos e instituciones públicas, en el ámbito central y local, así como en el sector privado es retenida la cuota mensual y no entregada. El caso es que hay responsabilidad también en los ejecutivos y empleados del Seguro, pues callan y se acomodan en lugar de proteger los recursos de la institución para mejorar la atención de los derechohabientes.

    El lastre que ha impedido la expansión de instalaciones, modernización de equipo y el cumplimiento completo del deber hacia los cotizantes y beneficiarios, se concentran en contratos leoninos, en concesiones y subrogaciones con la vista puesta en directivos y empresas beneficiadas, en casi nula supervisión de manera que pasado el escándalo se vuelve a lo mismo.

    Nada extraño que en la abarrotada farmacia, pequeña pues las filas salen a la calle, se escuchen palabras altisonantes de descontento, pues, algunos días, el “no hay” es la desagradable despedida en la ventanilla al derechohabiente para dar paso a otro.

    El costo de la atención médica, medicinas, hospitalización, adquisición de equipo y su mantenimiento es caro, por lo que el celo en el buen uso de los recursos debe ser máximo con rígida supervisión sobre ejecutivos y administradores, aprovechados porque siguen pensando que lo de todos es de nadie.