23/05/2024
11:51 AM

San Pedro Sula

    La creatividad social se halla muy rezagada respecto a la demanda de la población urbana, en aumento cada día, pero con deficiencias tan radicales que su crecimiento poblacional es un atentado patente para su existencia. Recientemente LA PRENSA en su sección Apertura presentó el grave problema para la urbe por el trasiego diario de millón y medio de personas que habitan fuera del municipio y más de medio millón residentes en la ciudad. Llamativo, no amarillista, sino real: “DOS MILLONES DE PERSONAS AHOGAN SPS”. La época exige el verbo asfixiar.

    Recientemente el Banco Mundial se ha referido a este problema de la migración interna hacia ciudades donde el anhelo y la ilusión tienen mayores probabilidades, aunque en innumerables casos el sueño de mejorar la calidad de vida se convierte en gran fiasco por situaciones más graves debido a la inseguridad, carestía en la vivienda, escasez de empleo y las múltiples limitaciones en el diario vivir, mejor sobrevivir.

    Aquellos tiempos recordados por las personas mayores en que los habitantes del interior emprendían rumbo a la costa norte tenía una ruta y asentamiento prometedor, sobre todo para los pequeños y jóvenes, porque sus padres hallaban trabajo en las grandes áreas de cultivo, hoy con escasas probabilidades de subsistir. La industria deslumbró, pero son cada vez más las dificultades no solo para impulsar el crecimiento inclusivo, sino para sostener el empleo.

    San Pedro Sula, en otros tiempos modelo de crecimiento ordenado en el istmo, perdió la fuerza y su rezago de décadas pesa cada día en la solución de los problemas que son de fondo, no livianos. El elaborado plan de desarrollo a largo plazo no es acompañado de las políticas públicas necesarias, sino que se van atendiendo urgencias que son tan numerosas que es imposible su eliminación.

    Hay una total desconexión de ciudades en zonas de mayor desempleo y pobreza y las que muestran un cierto nivel de prosperidad que cada día se diluye en los graves problemas sociales con honda raíz en la familia y en la gente joven, cuya expresión más veraz es la migración obligada hacia el norte. “Hemos colapsado en la capacidad de gestión a nivel municipal para mitigar las dinámicas del crecimiento urbano y demográfico”, reconoce el gerente de Incidencia de la Comisión de Acción Social Menonita.

    El rezago de décadas exige visión y acción con prioridad para no quedar ahogados en el maremágnum de la capital industrial atravesada por ríos, hoy cauces con piedras, con una frondosa reserva forestal cada vez más asediada por la expansión urbana, infraestructura vial en acelerado proceso de inviable, educación y salud con muy escasa capacidad para atender a la población y convivencia social cada vez más frágil con poca gestión comunitaria.