Así como el Fondo Monetario Internacional ha alertado respecto a que estos doce meses serán de un mayor deterioro económico y social, en grados diversos, tanto en naciones del primer como del tercer mundo, igualmente el Banco Mundial ha publicado el informe “Perspectivas económicas mundiales”, señalando la profundización de la desaceleración global, debido “a la inflación, el aumento de las tasas de interés, la reducción de las inversiones y las perturbaciones causadas por la invasión de Rusia a Ucrania...

El crecimiento en América Central se atenuará hasta el 3.2% en 2023, a medida que la desaceleración de la economía estadounidense reduzca las exportaciones y el ingreso de remesas... un crecimiento mundial más débil de lo previsto podría afectar significativamente los precios de los productos básicos, lo que socavaría la actividad económica de los países exportadores de la región.

Un mayor endurecimiento de las condiciones financieras mundiales también podría generar tensiones financieras en las economías vulnerables”.

La pregunta fundamental es ¿qué hacer?

No podemos permanecer impávidos, en actitud pasiva y fatalista ante el agravamiento de las condiciones materiales y sus repercusiones sociales, que afectarán a nuestros compatriotas, los que vivimos aquí y los que residen en el exterior.

La presidenta Castro debe convocar a su gabinete económico para que este se reúna, con carácter de urgencia, con las organizaciones de la empresa privada, aglutinadoras de los sectores comercial, industrial, agropecuario, financiero, para formular políticas de aplicación inmediata, por todos compartidas, a efecto de amortiguar el severo impacto que ya se hace sentir de maneras diversas: incrementos semanales en los precios de alimentos y combustibles, lo que a su vez produce un efecto multiplicador en distintos bienes y servicios.

Si actuamos a la brevedad, al unísono, tendremos más posibilidades de capear la actual condición, poniendo en práctica medidas tales como el producir más cantidad y mejor calidad para el abastecimiento del mercado consumidor interno, el mejorar la producción y productividad, la reparación de la muy deteriorada infraestructura que impide el rápido desplazamiento desde las zonas productoras a las consumidoras, el otorgar alicientes y estímulos a la inversión nacional y extranjera.

Recordemos que las economías del istmo centroamericano son sumamente frágiles ante los vaivenes de las bolsas de valores de Estados Unidos, Europa y Asia en donde se cotizan materias primas, desde minerales hasta granos. Manos a la obra, aquí y ahora mismo.