Por décadas, el sistema de salud hondureño ha sido deficiente, abrumado por las carencias, malos tratos, indolencia y, encima, vergonzosos escándalos que empujaron a su penosa situación que quedó evidenciada al enfrentarnos a la pandemia del Covid-19. De todas estas insuficiencias e insensibilidad hemos estado conscientes y se ha denunciado permanentemente desde los medios de comunicación.

Lo de hoy también es gravísimo: desabastecimiento crónico de medicamentos a nivel nacional que, por primera vez, sobrepasa el 50% de las necesidades. Como lamentaba la presidenta de los médicos, la doctora Helga Codina, los hospitales jamás han estado abastecidos al 100% pero ahora, con la actual crisis, sobrepasa los límites y afecta a casi todas las regiones del país.

No hay ni suficiente acetaminofén, mucho menos los fármacos para pacientes oncológicos y para los enfermos renales que dependen de los servicios de los hospitales públicos para subsistir. Falta todo tipo de medicamentos, antibióticos e insumos a tal grado que hay pacientes internos que solo suero reciben, han alertado los médicos que también se quejan por los equipos inservibles que no se han reemplazado.

Encima de esas penurias está el déficit de personal y el atraso en el pago de salarios que afecta a empleados del sistema sanitarios donde hacen falta manos y conocimiento para cumplir con la responsabilidad de atender a quienes llegan en busca de bienestar.

En Honduras tenemos, en promedio, 11 médicos y enfermeras permanentes por cada 10 mil habitantes, cita una reciente publicación; esa cifra no cumple con los estándares internacionales mínimos que es de 23 médicos, enfermeras y parteras. En los 28 hospitales del país y centros de salud solo hay 2,419 médicos y enfermeras con contrato permanente para 9.5 millones de habitantes, lo que refleja un déficit crónico en los presupuestos asignados a Salud.

El ministro José Manuel Matheu lo ha declarado en sus comparecencias: en un país como este, que arrastra un deficiente sistema de salud, siempre habrá necesidad de tener un presupuesto mayor. Ese presupuesto asignado este año es de 23,000 millones de lempiras -939 millones de dólares-, y para el próximo año debería aumentar a 30,000 millones, unos 1,224 millones de dólares.

El ministro ha prometido “cambios en materia de salud a partir del próximo año y se podrán ver, vamos paso a paso, sabiendo lo que estamos haciendo”. Pero los enfermos siguen abarrotando las consultas y emergencias. No tienen tiempo ni más paciencia. No quieren oír más excusas al recibir una nefasta atención.