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Mirada al horizonte

  • Actualizado: 23 septiembre 2019 /

En pocas palabras, o nos preparamos para mitigar los golpes del cambio climático o cada vez está más cerca la guerra del agua.

    Si hace ya más que algunos años las imágenes confluían a principios de mayo con la esperanza de las primeras lluvias para animar las tareas agrícolas sin aludir de manera alguna al agua para beber, fue pasando el tiempo y desde el sur, pasando por el corredor seco, llegaban los mensajes de lo que se avecinaba. Sin embargo, la miopía impidió prevenir y ahora en numerosas zonas de la capital se recibe agua cada siete días; en San Pedro Sula 20 pozos de emergencia abastecen de agua a la ciudad, solo dos ejemplos porque el clamor es nacional; pero se reduce a desear fervientemente que llueva y generar iniciativas reales y eficaces para que la próxima temporada las medidas no sean tan drásticas, ya que se dispone del recurso natural, aunque se atrasen o disminuyan los aguceros y las tormentas.

    En pocas palabras, o nos preparamos para mitigar los golpes del cambio climático o cada vez está más cerca la guerra del agua. Los pozos de emergencia no tendrán reservas si no hay corrientes subterráneas, con riesgo de secarse, como estamos viendo ya en las superficiales. La apertura y explotación de los pozos en acuíferos no es solución a mediano y largo plazo, al contrario, es la antisolución, pues como llega agua hoy, en el caso de la Capital Industrial, para qué prevenir para ir mitigando la escasez hasta llegar a disponer el líquido suficiente para una demanda cada vez mayor. Pero en el grave problema de la escasez de agua, con responsabilidad prioritaria de las autoridades, tiene también participación la población, no educada en el uso racional y eficiente del líquido, sobre todo cuando no siente en la bolsa porque no hay medidores, pues no se paga el consumo real o porque la cuota mensual no plantea límite en el consumo.

    En muchos lugares han comenzado ya, por necesidad, a cuidar hasta la más mínima gota de agua para consumo y para higiene, pues se cumple el dicho popular “se valora cuando se pierde”. El no hay, no llega la cisterna, comprar un tambo, etc. etc. siguen evidenciando la dimensión de la gravedad del problema, que exige atención de emergencia; pero también prevención porque esto es principio de algo, peor si no se va poniendo remedio.

    En el Sanaa anuncian que si no llueve suficiente seguirán racionamientos hasta el verano del próximo año, ¿y durante el estío? Simplemente, no habrá. Situación a la que se encaminan numerosas poblaciones que miran al horizonte, como hace años se hacía en mayo y, con puntualidad y perseverancia, en las tardes llegaba la bendición de las lluvias. ¡Las aguas de mayo! Se las tragó el cambio climático, la desforestación y la miopía colectiva.