10/04/2024
09:30 PM

Legislar,
¿para quién?

    La razón de ser del Poder Legislativo en cualquier democracia que se precie de serlo es la de promulgar leyes para beneficio de las mayorías y para hacer un verdadero contrapeso con los otros poderes constituidos. La integración del Legislativo con representantes de las distintas fuerzas políticas que conviven en un país se hace con el propósito de dar voz a los ciudadanos anónimos que, por medio de sus representantes, hacen oír esas voces no siempre unánimes, pero que reflejan las distintas formas de pensar y de sentir de la población. Un Poder Legislativo en el que exista una “aplanadora” no tiene razón de ser; una augusta cámara en la que no haya disenso solo es posible en los regímenes despóticos o en los que, por medio de diversas argucias, se ha amordazado a la oposición o se le ha criminalizado para hacerle perder legitimidad. Cerca tenemos los casos de Nicaragua o Cuba, y esperamos que El Salvador no corra la misma suerte.

    La falta de independencia de Poderes acaba con la democracia. Cuando se impone el pensamiento único y un colectivo de diputados se convierte en manada, obediente al Poder Ejecutivo o al partido que lo ha llevado al poder, nada puede ir bien. Un diputado que obedece sin pensar no representa a quienes lo eligieron y acaba por traicionar a los votantes.

    La situación que se ha vivido en los últimos meses en el Congreso Nacional debe hacernos reflexionar a todos. Y la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿para quién legislan nuestros diputados?, ¿para las comunidades que los eligieron con el fin de verse representados o para un grupo reducido con intenciones oscuras?

    Es posible que algunos de los diputados crean que sus supuestos representados ignoran su proceder o no se dan cuenta de la forma en que se comportan. Tal vez los intereses que ahora los mueven resulten más poderosos que los de quienes votaron para dotarlos de una curul en el hemiciclo. Pero la realidad es otra. Seguramente hay muchos hondureños que votaron por determinado candidato a diputado en noviembre de 2021 y que hoy se saben traicionados o, por lo menos, ignorados. Hace algunas décadas que, ante la ausencia de medios de comunicación como los actuales, la ciudadanía poco se enteraba de los tejes y manejes del poder que se da en Tegucigalpa. Pero ahora no. Los sin voz ahora se expresan más fácilmente y no pierden oportunidad para hacerlo. Ojalá que la sordera no sea una nueva característica de los que deberían estar atentos a la voz del pueblo.