29/09/2022
06:35 AM

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Invasiones

    Existe en nuestra Honduras un estado de ánimo contenido en el inmenso dique del “qué pasará”. Si por la víspera se conoce la fiesta, el horizonte se halla con espesas nubes que presagian tormentas en nuestro caso preparadas y consentidas con fines altamente disimulados, pero no por ello ignorados.

    La crisis en el agro rebasa con mucho las condiciones climáticas y toca de lleno la inseguridad jurídica, de manera que la inversión se retrae con la esperanza de rescatar el imperio de la ley o desaparece porque los hilos se mueven en interés de ambiciones políticas.

    Desde hace meses la violencia ha sacudido con fuerza las unidades productivas del departamento de Colón en donde los llamados a conversaciones para recuperar el clima favorable a la inversión en el campo no han dado resultados y la vorágine sacude aquellas tierras productivas en la mira de grupos preparados y listo para invadir propiedad privada. Ahora el clamor llega del sur donde peligran miles de empleos por invasiones de tierras cultivadas.

    “La propiedad es la piedra angular de nuestra economía y de nuestra seguridad jurídica”, señala la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, cuyos dirigentes reconocen la necesidad de trabajar y multiplicar las tierras productivas, pero no destruyendo que es lo más fácil y sencillo, sino creando las condiciones favorables con el respaldo de políticas sociales definidas y apegadas a la ley. Lo demás, como ya ocurrió en tiempos del populismo en el siglo pasado, es abrir frentes y generar mayor pobreza.

    A las invasiones que en la zona sur suman 2,500 manzanas en producción, hay que añadir las condiciones para la producción agraria, como en el caso de las meloneras con competencia sumamente desfavorable respecto al cultivo en Guatemala. De 30 fincas hace unos años solamente quedarán dos al final de la cosecha. Los economistas y funcionarios hablarán de exportaciones, pero en el diario vivir la mayor pérdida recaerá en miles de familias que carecerán de recursos provenientes de la labor en el campo.

    La mirada tranquila sobre la situación es más que imposible porque sin crear se destruye, la legalidad pasa como brisa o como fuerte viento, según sea el momento político, poniendo en jaque, como en innumerables ocasiones, la institucionalidad y la seguridad jurídica, de manera que hoy es sí, mañana veremos y pasado mañana no. Y esto no es solo por invasión en el campo, sino otros muchos asuntos sobre los cuales penden, como espada, los intereses del partido que sobrepasan las decisiones de gobierno para condicionar asuntos de Estado. ¡Casi nada!