26/05/2024
08:06 AM

Hospital del IHSS

    Todo trayecto comienza en el deseo, expresado posteriormente en voluntad y concretado en ligero y perseverante caminar, pues como enseña la sabiduría popular, de buenas intenciones está el infierno lleno. Por ello cada vez que escuchamos a funcionarios y políticos quedamos perplejos con anunciados megaproyectos y se nos viene instintivamente a la cabeza la prudente observación, “hasta no ver no creer”.

    El recorrido del director nacional del Instituto Hondureño de Seguridad Social por el hospital regional en San Pedro Sula llamó la atención de empleados y pacientes. Los primeros con el interés de que aumente el personal y mejoren las condiciones laborales. Los segundos porque desaparezcan las interminables filas en la farmacia, disminuya el tiempo de espera en las citas y se logre ampliar y mejorar las instalaciones para que no sea un calvario la necesidad de llegar al centro hospitalario.

    La explicación de la crítica situación fue contundente y, claro, como en toda familia los recursos respaldan la capacidad económica, pero claro, así como la madre o el padre se ciñen a prioridades y necesidades diarias en las instituciones públicas no es así, sino que, en la mayoría de los asuntos, los escasos recursos se encauzan hacia compras y contratos que a la larga son una carga más para las instituciones.

    Sobre la infraestructura del hospital regional podemos decir que nada se ha ampliado en el casi medio siglo en que se fue construyendo, aprovechando negocios en el sitio. Lo último recordado por los sampedranos mayores fue la compra de la propiedad del avión. Desde entonces ni una pulgada más han logrado las instalaciones que por décadas han visto caer y levantarse paredes, mover puertas y pasillos o elevar muro como aquel calificado de “oro” por su costo millonario.

    Recordamos, una vez más, las palabras del escritor Julio Cortázar ante los buenos deseos y promesas de cambios radicales para el centro hospitalario. “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. La esperanza en el cumplimiento de lo prometido es esa lucha interna de miles y miles de derechohabientes y beneficiarios, pues la inconformidad como se ha manejado el organismo no sale a flote y muy apáticamente se sufren a diario las carencias.

    Con la declaración de inconstitucionalidad de la Ley Marco de Seguridad Social hace más de un año se ha levantado un muro cada vez más alto por la inoperancia en el Congreso Nacional. Extraña que el director del IHSS haya señalado probables fechas para acceder a fondos que ahora son prohibitivos por la situación irregular en el Legislativo, de manera que conservaremos esperanza, “la vida misma defendiéndose”.