10/01/2026
11:23 AM

Evidencias

  • Actualizado: 19 julio 2022 /

    Visible y medible son los dos calificativos aplicados por el doctor y diputado Carlos Umaña al impacto que está teniendo en las últimas semanas el masivo contagio del covid-19 y basta con echar una mirada a las filas en el Seguro Social con centenares de personas a la espera de recibir atención para que les apliquen la prueba y aguardar, con temor, el resultado. Si el derechohabiente lleva en sus manos una hoja rosada es positivo con necesitada incapacidad.

    Diariamente se extienden más de cien incapacidades, la mayoría de ellas de gente joven, económicamente activa, lo que se refleja no solo en la carga millonaria para el Instituto Hondureño de Seguridad Social sino para las empresas. Quizás para muchos es una mezquindad hablar de millones cuando se han reactivado las unidades de cuidados intensivos y se multiplican los malestares en los pacientes sin necesidad de ser hospitalizados. Hay que atender a los enfermos, pero la prevención, la gran ausente en la mayoría de los pacientes, brilla por su ausencia al constatar en los triajes que un gran número de hondureños no ha completado su esquema de vacunación y abundan los “antivacunas”, respetable su posición, pero irresponsables por poner en grave peligro a su familia, compañeros de trabajo, vecinos y a cuantos hallan a su paso.

    Quien ha salido, espada en mano, ha sido el titular de Salud. Asegura que es necesario “recomendar que hay que volver a vacunar contra el covid”. Está claro que la estrategia de Salud no ha logrado el efecto deseado y aquello de la inmunidad de rebaño es utopía evidente, pues no han logrado trasladar un mensaje efectivo para que la población sea quien exija completar todas las etapas y no desinteresarse o llevar grabado aquello de “me vacuné” y no piensa en la segunda, tercera y, mejor, cuarta dosis.

    Las informaciones diarias nos proporcionan, por desgracia, la medida y el alcance de la nueva ola, esos duros golpes contra la salud de miles de personas que, muy irresponsablemente, pasan de las vacunas y hasta que no les llegan los síntomas no acuden a los triajes ni les da para pensar que no guardaron la distancia, menos en fiestas y salidas para divertirse y que la mascarilla les estorbaba.

    “Pasó el miedo” señala el titular de Salud y las personas quieren dejar atrás, muy atrás, los dos años en que el contagio se contabilizaba cada noche con resultados dramáticos que no fueron lo que fueron, pero sí eran suficiente para mantenernos quietos y, sobre todo, alerta.

    Ahora ya se abrió la puerta y pagamos un alto precio.