¿Vulnerable? Como dicen en el pueblo de arriba abajo, pero con más precisión de abajo arriba, porque en las alturas alcanza más la cobija, aunque las promesas no la estiren, pero se la hace llegar y más cuando la rectitud de los caminos se convierte en laberinto o, en palabra popular, caminos torcidos. Todo ello es una angustiante realidad por décadas de la que no logramos sacudirnos y la cual pesa más cada día.

No nos referimos al clientelismo político ni a la cara de santo de algunos, sino a la realidad lacerante en la que se hallan desde hace muchos años millones de personas en el valle de Sula sobre el que se multiplicaron las promesas, se confeccionaron estudios, hoy desfasados, y el olvido cierra puertas, porque las prioridades, hasta el momento, se han centrado en confites y con promesas pasa el tiempo.

Nueve proyectos para incrementar la protección del valle de Sula con lo que la maquinaria volverá a remover y a amontonar la tierra, pero la diminuta e insignificante cantidad de 50 millones para nueve proyectos suena a centavos y a echar sal en el mar. Claro que son dos meses de la nueva administración, pero, al menos, las fuentes oficiales podrían haber señalado que la solución para estas fértiles tierras, abundantes industrias y numerosas poblaciones se halla en agenda con la mirada puesta en las cuencas media y alta de los dos grandes ríos que atraviesan la zona. Para hacer escuchar la voz, exponer los problemas y presentar alternativas, alcaldes y empresarios anunciaron una reunión que ojalá no sea la única ni quede empañada por la identidad partidaria, pues la experiencia es maestra y desde adentro, generalmente, se dinamitan las iniciativas con el uso del instrumento más elemental y antiguo: “divide y vencerás”.

Los informes del Instituto para la Protección y Desarrollo Sostenible del Valle de Sula identifican 71 lugares vulnerables, algunos de alta peligrosidad para millones de personas, cuya mitigación exigen un presupuesto de 553 millones de lempiras. No es solución, pero sí acción, no palabras, para aminorar los daños ahora que la frecuencia de los desastres aumente por efectos del cambio climático ya compañero de camino en estos tiempos agitados y muy difíciles por las previsiones en horizonte de más de lo mismo o parecido. Como tantos otros problemas, los asuntos de fondo quedan ahí, en el fondo, sin que haya responsables tanto por acción como por omisión, pues, aunque agravaron los problemas por el motivo que fuera, siguieron en sus puestos con salarios, dietas y gastos de representación puntualmente recibidos. Dos evidentes ejemplos de distinta naturaleza, el valle de Sula y la Enee.