20/05/2024
07:00 AM

Depredadores sexuales

    El creciente número de mujeres sometidas a violencia física y psicológica, incluyendo feminicidios al alza que por lo general quedan en total impunidad, de diversas edades y condición social, ha alcanzado cifras que posicionan a Honduras como país altamente violento y peligroso por igual para nacionales y extranjeras.

    Los autores de tales atroces delitos pueden ser parientes cercanos, incluso, progenitores, cónyuges, desconocidos, muchas veces las víctimas llamándose al silencio sin denunciarlos, sea por pudor mal entendido o por amenazas proferidas a ellas o sus hijos por parte del agresor.

    Los perpetradores actúan a sabiendas que existe estadísticamente alta probabilidad que su delito no sea judicializado, lo que le facilita repetir, de nueva cuenta y tarde o temprano, su criminal y aberrante conducta por tiempo indefinido.

    El agresor se considera revestido de derecho, en razón de su masculinidad deformada producto de la cultura machista patriarcal transmitida de generación en generación, a reincidir cuantas veces lo desee, creando una espiral ascendente de imposición.

    A sus víctimas las percibe como meros objetos e instrumentos de placer carnal, no como seres humanos poseedoras de derechos y garantías legales, mismos que son inalienables e imprescriptibles.

    Aquellas que logran sobrevivir a la violencia de género quedan traumadas tanto mental como emocionalmente, sin poder olvidar, aunque lo intenten, lo ocurrido, que ha quedado indeleble en su cerebro.

    Abusan de su fuerza física para imponerse y someter a la agredida a la impotencia, incapaz de sostener una relación afectiva, son personas con trastornos psiquiátricos, percibiendo al sexo opuesto como una enemiga que debe ser eliminada.

    Para intentar superar tal impacto deben recibir tratamiento especializado por tiempo prolongado, por personal con estudios y experiencia en procesos de rehabilitación terapéutica, por cuanto su autoestima ha disminuido y/o desaparecido.

    A grandes males, grandes remedios. ¿Será necesario imponerles sentencia de castración química o cadena perpetua, a fin de prevenir la reincidencia delictiva?

    En otras naciones, esa es la sanción legal, particularmente con quienes violan y asesinan a niñas y niños, lo que ha logrado convertirse en eficaz disuasivo, impidiendo que otros imiten tales crímenes.

    Demos los primeros pasos. Escuchemos sus denuncias, auxiliémoslas cuando ellas lo demandan, es prioritario para salvar sus vidas.