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Dando y dando

  • Actualizado: 26 septiembre 2023 /

    Lo bueno o lo malo, ¿hacia dónde dirigirán la mirada para dejar de disimular la hipocresía en el trato hacia los hondureños obligados a abandonar su tierra para los cuales hasta la misma labor administrativa les condena a otra migración casi permanente en búsqueda de documentación, de pasaportes, de cédula de identidad u otro cualquier trámite para el que, en no pocas ocasiones, han de recurrir a rutas rayanas en la ilegalidad, evidencia de corrupción?

    En cifras del Banco Central de Honduras (BCH), la diáspora hondureña es la principal fuente de ingresos del país de manera que las arcas de divisas se sostienen con sudor y lágrimas, aludiendo al poema de Manuel Machado, de los emigrantes sin que, ¡gran ingratitud!, haya atención oportuna, ágil y justa, pues los consulados, ayer y hoy, son sede aprovechadas por los oportunistas partidarios.

    No es exagerado. De enero a agosto han ingresado al país más de 6,000 millones de dólares, llegados como agua de mayo, pues otras cifras oficiales dan cuenta del descenso en las reservas. La recuperación de la economía norteamericana es la explicación del aumento del 6.4 por ciento con respeto al año anterior. También la segunda fuente de remesas, España con un 13%, muestra su lado positivo. Sudor, lágrimas, más en la angustiosa, larga y tediosa etapa de insertarse en la exigente sociedad hispana que se muestra más atractiva por no ser obstáculo el idioma, pero la idiosincrasia del plural pueblo español y su cultura son barreras que una vez superadas se disfruta de mejoramiento en la calidad de vida y seguridad de empleo estable.

    Todo esto no llega a políticos y funcionarios más preocupados por los recursos, remesas, que por la atención a los migrantes. La promesa de la apertura de cuatro consulados en la Unión Americana será un gran alivio, pero habrá mayor alegría si a las oficinas llegan personas con vocación de servicio y empleados que comprendan las dificultades de los hondureños.

    El éxodo hacia el norte es el más concurrido y sobre el que más conocimiento se tiene a diario. Hacia el este, al otro lado del charco como dicen en la península Ibérica, la diáspora ha ido creciendo no solo porque no se necesita visa para ingresar sino porque se han ido formando grupos urbanos en Girona, Madrid, Barcelona o Valencia, donde familiares acogen a familiares, amigos, vecinos o conocidos como punto de origen para abrirse camino en España.

    También desde allí llegan cuantiosas remesas por las que no se recibe la atención proporcional para centenares de miles de migrantes, esperando, por lo menos, que la tecnología facilite el contacto y así se cumpla la sabiduría popular: dando y dando.