Después del trueno... señala la sabiduría popular al referirse a la reacción provocada por un acontecimiento que agita los ánimos, multiplica las iniciativas y exige solución que entre lo pesimistas halla respuesta en un “ahora para qué” y entre los optimistas con aquel “más vale tarde que nunca”. Dada la condición humana y su expresión a lo largo de generaciones, el dicho popular es múltiple y valioso.
Sobre el financiamiento de las campañas políticas, un secreto a voces, ha llegado el momento de “transparentar las aportaciones a los partidos”, para adecentar la labor proselitista con la vista puesta en los resultados de las votaciones, de manera que los libros de cuentas permanezcan abiertos, se conozcan las aportaciones y al detalle se establezcan el origen y el destino de las mismas. Indagaciones necesarias para impedir que se utilicen directamente o mediante terceros recursos del Estado o comprometer la acción posterior.
Los ejemplos abundan desde que se recuperó la democracia en la segunda mitad del siglo pasado; el “tirarse” desde la presidencia del Congreso, con el respaldo del presupuesto del Poder Legislativo se convirtió en habitual sin control ni rendimiento de cuentas en el uso de recursos, pues el Tribunal Supremo Electoral, TSE, requiere de autoridad para supervisar y fiscalizar las contribuciones a los institutos políticos porque por ahora andan como “macho sin dueño”.
Del Partido Nacional ha surgido la iniciativa para dotar al TSE de la autoridad necesaria para investigar “en el momento” sobre el origen de los recursos que utilizan en el ajetreo electoral, lo cual exige reformas legales, con dimensión constitucional, por lo cual será necesario el cabildeo, la negociación, el acuerdo de una mayoría calificada. El primer paso, opinión del organismo electoral sobre el que recae las reformas, abre la presentación en el Congreso, el debate, la votación y el final del camino la vigencia de los cambios, cuya efectividad depende de las personas, pues a lo largo de los últimos años a la disponibilidad de leyes perfectas o cuasi perfectas no ha correspondido el elemento humano responsable de su aplicación y su cumplimiento. El principio jurídico, “dura lex, sed lex”, se confunde e interpreta como “dura la ley, pero para quien no pueda eludirla” individualmente o con complicidad.
No se ha hecho público el contenido de la iniciativa que debe prosperar con las aportaciones que vayan surgiendo en la Cámara, de manera que, incluso, se identifique un techo a fin de evitar grandes contribuciones que, posteriormente, condicionan la acción del Gobierno. Llenar el inmenso vacío de más de tres décadas sacará a flote muchos intereses que no deben obstaculizar la clara y libre expresión de la voluntad popular en las urnas. Cuentas claras, amistades largas fortalecerán la democracia superando la representación y dando mayor espacio a la participación.