15/06/2024
12:39 AM

A escasos tres días

    En apenas tres días estaremos en las vísperas de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, la fiesta que, junto con la de la Resurrección, constituyen las más importantes del calendario cristiano. De la Natividad del Señor, más conocida comúnmente como Navidad, se dice que es una fecha mágica, que ablanda los corazones y es capaz de convertir hasta a los más duros o testarudos. La presencia de la Sagrada Familia en los nacimientos que se instalan en muchísimos hogares invita a vivir una serie de virtudes humanas, como la humildad, la sencillez o el desprendimiento, que ojalá calara en la mente y en los corazones de aquellos en cuyas manos están los destinos del mundo entero y de Honduras en particular.

    Vivimos en un país en el que la enorme mayoría de sus habitantes se declara cristiano o creyente, y, por lo mismo, se espera que haya alguna coherencia entre semejante declaración y la consecuente conducta. Evidentemente, los datos que se nos ofrecen sobre las frecuentes muertes violentas, el irrespeto a la dignidad del prójimo, la corrupción en todos los niveles o la cultura de la descalificación y el insulto que prevalecen entre aquellos que deberían ser ejemplares, niega rotundamente semejante aseveración. Ya decía alguna vez el cardenal Rodríguez Maradiaga que este era un país de bautizados, pero no de hombres y mujeres que se comportaran cristianamente.

    Este mes de diciembre, la confrontación entre el oficialismo y la oposición en el Congreso de la república se ha agudizado y no hay visos de solución. A los integrantes de la bancada oficialista se les dan gratificaciones y regalos, mientras que los miembros de la oposición señalan que a duras penas y les pagan su salario. Esta situación hace que el órgano en el que están representados todos los hondureños muestre el rostro descompuesto de un país en el que en lugar de buscar consensos se propicia la dispersión y se fomentan los enfrentamientos.

    Partiendo de lo anterior, los pronósticos políticos para 2024 no son nada halagüeños. Y esto repercute en el bienestar material, en la seguridad jurídica y, por supuesto, en la paz social. Significa pues que la crisis que arrastramos desde 2009 en lugar de superarse se profundiza y magnifica.

    A escasos tres días del advenimiento del Redentor, de aquel que pasó su vida predicando amor y perdón, parece que los hondureños vamos camino al fratricidio y a la entronización del odio como estilo de vida y como pauta de conducta.

    Que el Niño de Belén se apiade de esta sufrida Honduras y convierta los corazones de sus dirigentes.