22/02/2024
12:57 AM

Violencia política y la lucha por el poder

José Azcona

La legitimidad de las sucesiones se hubiera podido paliar por medios constitucionales.

En efecto, el nivel de movilización de la opinión pública comenzó a crecer aceleradamente con el siglo, pero al no existir la separación o desconcentración de poderes ni formas constitucionales suficientemente desarrolladas, esta terminaba apoyando soluciones bélicas a los problemas.

El país estaba en un proceso de desarrollo explosivo durante las primeras décadas del siglo XX.

El crecimiento de los ferrocarriles, el desarrollo de la industria bananera y minera, apertura de caminos, expansión del teléfono, prensa y telégrafo, hacían que hubiese más insumos para una explosión.

La prosperidad resultaba en que el botín que representaba el poder se volviera más caro, y que hubiera más recursos para pelear.

Por tanto, se daban las condiciones para una “tormenta perfecta”: una historia de violencia política y lucha armada descarada por el poder, combinada con mucho dinero y entusiasmo para la guerra. El resultado terminó siendo la más cruenta de nuestras desgarradoras guerras civiles.

Posterior a este proceso se intentó construir un estado democrático, que duro 8 años. Si este proceso no se hubiese detenido y revertido, se consideraría como un éxito la resolución del conflicto.

Si bien no se logró la democracia permanente, sí se desarrolló la prudencia de evitar usar la insurrección como herramienta para capturar el poder.

Con la distancia del tiempo se pueden juzgar los actores algunos mejor que otros, aceptando que su juicio era afectado por estas tradiciones perniciosas.

Sin embargo, podemos apreciar su deseo de aprender de los errores trágicos de este proceso para tratar de construir una sociedad más respetuosa de la ley y la vida.

Millares de hondureños dieron su vida por sus banderas, y lo que estas representaban para ellos.

Aunque hubo atrocidades horrendas, la gran mayoría creía que estaba luchando por la patria y un mejor futuro. Sin aceptar como válidas sus acciones, podemos respetar su memoria y tratar de aprender de tan tristes y caras experiencias.