Una revisión de la conducta de la oposición es muy importante para anticipar cuál es el futuro que le depara a Honduras, una vez que aplanemos la curva sanitaria y empecemos a reparar una economía destrozada, desarticulada y caótica.
En primer lugar hay que recordar que casi todos los grupos estuvieron de acuerdo con el gobierno al establecer el estado de excepción. Todos imaginaron que la crisis sería pasajera. Y solo con la reticencia del Colegio Médico de Honduras, todos aceptaron que el gobierno dirigiera las acciones sanitarias.
El CMH desde el principio puso en duda la competencia gubernamental por dos razones: 1) porque la ministra de Salud no es una médico; y 2) porque ellos no eran los autores de las líneas políticas para enfrentar esa fase. El gobierno cometió el error de subestimar al CMH. Y pasó por alto –basado en la arrogancia de jóvenes que ocupan los principales cargos– que el problema era más complicado de lo imaginado.
En segundo lugar, se cometieron tres errores adicionales. La dirección de las mesas de trabajo se confió a funcionarios, muchos de ellos sin experiencia. También se continuó operando el sistema de compras como si la situación fuese normal, confiando en una institución poco representativa, ASJ, que --en las primeras de cambio--, le dio la espalda al gobierno y puso en evidencia su flanco más débil: la transparencia con que se manejan los dineros públicos. Vino nuevo en odres viejos. En fin, el manejo de la enfermedad de JOH; su recuperación y la proyección de la imagen de un joven barbado y de gorra, que ha dejado atrás la dignidad del cargo que debe ser respetado por la autoridad que representa.
Haciendo creer que ya no tiene autoridad.
Todos estos errores afectaron al régimen en la compra de los hospitales y el estilo de gestión de Marco Bográn. La compra favoreció a una empresa y disgustó a las no favorecidas. Los directivos que al principio callaron, declararon que no fueron consultados por Bográn, que cumplió órdenes del Consejo de Ministros. Una vez que lo destituyeron, toda la oposición se centra en el tema. Y personajes de dudosa credibilidad como Adolfo Facussé –que es parte interesada, pues representa una firma que no ganó el contrato– se erige en la voz de oposición, desplazando a Suyapa Figueroa y a los médicos.
Habla de “cascarones vacíos”, sin haberse abierto los contenedores. Y cuando interviene la Fiscalía, esa oposición que quiere ir al final, en palabras de Facussé busca eliminar al gobierno de la dirección contra la pandemia, insinuando que JOH debe dejar el poder, objetivo que algunos políticos buscan permanentemente. ¿Es correcto esto? ¿Podremos trabajar así, en la reconstrucción económica? Creo que no.