Desde su fundación hace 486 años, la que ahora es la ciudad industrial de San Pedro Sula destacó como el principal núcleo de desarrollo en la región que hoy ocupa el valle de Sula y sus alrededores. Al momento de la conquista aquella villa, fundada por don Pedro de Alvarado, se encontraba densamente poblada y conectada con Puerto Caballos (hoy Puerto Cortés) por un camino tan amplio que permitía el paso de dos hileras de mulas cargadas. Actualmente es una de las ciudades más grandes y mejor dispuestas, topográficamente, de Centroamérica por encontrarse en una extensa planicie al pie de la imponente cordillera de El Merendón que la oxigena y surte de agua. En gran medida su auge se debe a la laboriosidad de sus habitantes y al empuje que le han brindado algunas autoridades edilicias en el transcurso de su vida política. Sin embargo, no podemos soslayar que no todos sus gobernantes llegaron al solio edilicio a trabajar con honestidad y una mentalidad futurista. Esta urbe estaría más adelantada si los impuestos que pagan los vecinos, la industria y el comercio no hubiesen sido eventualmente dilapidados en lugar de ser invertidos en proyectos de desarrollo. Ahora veamos el futuro porque hay muchas deficiencias que es urgente enmendar y proyectos inconclusos que sacar de las gavetas administrativas como el de la Casa de la Cultura. Sampedranos nativos e inmigrantes de otras comunidades que hacemos nuestra vida en esta ciudad de escasos zorzales, anhelamos volver a caminar tranquilamente por calles céntricas en las que ahora reina el caos debido a la presencia de cientos de caramancheles comerciales en plena vía pública, y aceras convertidas en estacionamientos.

Cabe preguntar ¿cuándo podrán pasear los sampedranos por los parques lineales que anteriores gobiernos locales planearon construir en los bordos de los ríos que atraviesan la ciudad, una vez reubicadas las familias instaladas en esos predios? Es perentorio revivir estas raquíticas corrientes de agua despejando y reforestando sus riberas y haciendo cumplir la ley que prohíbe la construcción de más viviendas arriba de la cota 200 de El Merendón. Aunque la ciudad cuenta ahora con un eficiente sistema de recolección de basura, persiste la suciedad en calles y áreas verdes porque vecinos inconscientes no paran de lanzar sus desperdicios donde quiera sin importar el daño que hacen al medio ambiente y al ornato urbano. Urge entonces aplicar sanciones ya establecidas en la ley para este tipo de delitos. Tergiversando a José Cecilio del Valle diré finalmente: soñaba un chaval de San Pedro y yo también sé soñar.