El primero de enero de 1960 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Ese mismo día asesinaron a indígenas en Chiapas, matanza que utilizó la AFL-CIO, la federación de sindicatos en los Estados Unidos más grande y poderosa, que agrupa a 12.5 millones de trabajadores, para pedir a los legisladores del Congreso de EUA derogar el Tratado de Libre Comercio, pues el Gobierno con que lo firmaron era genocida, asesino y racista y violó los derechos humanos de los indígenas.

Investigué las causas de ese asesinato masivo en Ocosingo mediante entrevistas y datos recopilados en Chiapas. La conclusión, que sintetizo en el libro ¿Por qué Chiapas?, fue que esa matanza la tramaron los sindicatos de EUA para desactivar el TLCAN, pues consideraron que abría una alternativa a las empresas de EUA para evitar sindicalizar a los trabajadores. Los altos salarios que exigían los sindicatos llevaron a la quiebra a varias plantas automotrices en Detroit.

En la firma del T-MEC, Tratado entre México, Estados Unidos, Canadá, que sustituyó al TLCAN, también influyeron los sindicatos de EUA para reducirle a México sus ventajas comparativas. Trump necesitaba los votos de legisladores demócratas en el Congreso de EUA para firmar ese tratado. Los legisladores, varios de los que representan a los sindicatos de EUA, condicionaron sus firmas a que el tratado incluyera una cláusula donde obligan a México a pagar un salario mínimo de 16 dólares la hora a las maquiladoras que fabrican partes para la industria automotriz norteamericana. El principal atractivo de las empresas de EUA para crear empleos en México son sus relativos menores salarios, más bajos a los que pagan en EUA, aunque mayores a los que gana la gran mayoría de empleados en México. Más altos, 38%, que el promedio en la industria de la transformación y más del doble de los que perciben el 61% de los mexicanos, según datos del Inegi.