07/01/2026
06:34 PM

Sanar las heridas

Una persona que ha sido herida, o ha vivido una experiencia traumática en alguna etapa de su vida, mientras no sane, irá hiriendo -consciente o inconscientemente- por donde pase; es como ir por el camino de la vida con una herida abierta, mientras no trate su herida, irá derramando sangre por donde pase. ¡Qué necesario es tratar nuestras heridas!

En una ocasión, bajaba a saludar a los niños que les daban su formación catequética todos los fines de semana en la parroquia, al acercarme pude notar que un niño de aproximadamente 7 años no ponía atención a la catequesis, pero lo que más me hizo poner mi atención en él fue cuando la catequista le llamó la atención por estar distrayendo a los demás niños; el niño en cuestión se dirigió a la catequista gritándole y con cierto comportamiento violento.

Transcurridas unas semanas, después de aquel “incidente”, vi que el mismo niño estaba frente a la Iglesia ya cerca de caer la noche. Me dirigí a él y le pregunté: ¿qué haces aquí a esta hora? Y él respondió: es que nadie vino por mí. Entonces le pregunté dónde vivía y me apresté a llevarlo a su casa. El niño vivía muy cerca de la parroquia. Cuando llegamos a su casa -un pequeño apartamento- escuché unos gritos y un llanto, vi que el niño no tenía prisa de entrar a casa y sacó su cuaderno de catequesis y se puso a colorear un dibujo. Entonces le pregunté: ¿no vas a entrar a tu casa?

Él dijo que esperaría a que su papá se fuera. Después de unos breves minutos, un hombre como de unos 30 años salió gritando de aquel apartamento, tiró la puerta y sin saludar, se fue a su auto y lo encendió de forma violenta y aceleró todo lo que pudo y se fue; detrás de él iba una joven quien tendría unos 25 años, quien también gritaba diciéndole toda clase de malas palabras a aquel hombre.

Ella, al reparar que yo estaba ahí, se disculpó de forma brusca y le ordenó a su hijo que “se metiera al cuarto”...esto también lo hizo gritando; curiosamente el niño dijo que tenía hambre y también se lo dijo ¡gritándole!

Aquella joven pareja “hablan” gritándose todo el tiempo, al niño al parecer siempre le gritaban y el niño en su catequesis también gritaba. Habrá que dar una atención especial a este niño y enseñarle que las cosas no se resuelven gritando sino dialogando y que el hecho que en su casa le griten no significa que él deba ser irrespetuoso y gritarle a las demás personas.

Muchas veces en nuestra infancia vivimos experiencias traumáticas y muchas de ellas van provocando ciertas heridas en nosotros; todos en más de algún momento hemos sido heridos por alguien, pero es necesario que podamos tomar consciencia de nuestras propias heridas y tratarlas a tiempo, para no ir por la vida, con la herida abierta y derramando nuestra sangre por donde vamos pasando. Solo quien tenga el valor de tratar sus propias heridas, podrá ayudar a sanar las de los otros.