28/05/2024
12:55 AM

Regalos de Navidad

Henry Asterio Rodríguez

La celebración de la natividad de nuestro Señor Jesucristo fue instituida en el año 354 durante el papado de Julio I, no solo para tener un día en el cual conmemorar un acontecimiento tan importante para la humanidad, sino también como un medio de evangelización.

La Navidad vino a sustituir las saturnalias romanas, o fiestas del sol invictus, de esa manera, la Iglesia asimiló una celebración antigua que remitía al nacimiento del sol, dándole un nuevo significado haciéndola coincidir con el nacimiento de Jesús, “La luz que viene de lo alto” (cfr. Lc 1, 78). Desde entonces, la hermosa tradición de intercambiar regalos, que ya era costumbre romana, fue también asumida por los cristianos, resignificando el gesto bíblico de los sabios de oriente, quienes llegaron a Belén con una serie de ofrendas y regalos para el nuevo rey de los judíos: incienso, oro y mirra.

Pero hoy en día intercambiar regalos en Navidad es animado por otra historia. En 1931, el ilustrador Haddon Sundblom fue contratado por la agencia publicitaria D’Arcy para crear la imagen de la campaña navideña, de una famosa marca de refrescos de cola. El resultado fue la reinvención de un mito navideño europeo cristiano, que desde entonces afectaría el concepto mismo de esta época no solo para la sociedad de Estados Unidos, sino para el mundo entero, había nacido el Santa Claus que todos conocemos hoy. Ya desde finales del siglo XIX, este personaje plagaba la mercadotecnia norteamericana, pero Sundblom le proporcionó las características ampliamente conocidas hoy, el traje rojo, adoc a la marca de refrescos, su rostro bonachón, y sobre todo su saco sin fondo lleno de regalos listos para ser distribuidos por el mundo, en su trineo, en Nochebuena.

Aunque es verdad que la historia del obispo cristiano del siglo IV, Nicolás de Bari (+ 346), famoso por su generosidad, puede estar a la base de este personaje, en realidad el Santa Claus moderno es una mezcla de mitos paganos y mucha mercadotecnia, cuyo objetivo es invitar al consumismo y el derroche. Para muchos el único leitmotiv de estas fechas es gastar, comer, beber, regalar, recibir o estrenar algo, todo, “porque es Navidad”. Y es que a estas alturas quizás ya muchos tienen exprimido el aguinaldo y endeudado el sueldo de enero, con tal de “celebrar”.

Llenar la alacena a tope, decorar, y comprar, comprar y comprar, “porque es Navidad” y “Santa” tiene que llegar, aunque en Honduras, haya pocas chimeneas. Seguramente aún es tiempo de preguntarte, ¿cuál es el mejor regalo para dar a tus seres queridos? Si lo haces con conciencia, quizás puedas darte cuenta de que es algo que no se puede meter en una caja, forrar con papel brillante o comprar con una tarjeta de crédito. Porque a lo mejor, lo que ellos esperan de ti, sea un poco más de tu tiempo, mejor carácter, un poquito más de comprensión y de menos egoísmo. Y es que, aunque estés esperando la oferta de último momento para comprarte el estreno, tal vez en realidad lo que todos esperan ese día es ver tu corazón vestido de Cristo. Piensa mejor qué vas a regalar esta Navidad.