Ya se acerca un nuevo aniversario de la independencia de nuestra patria y conviene evaluar los logros y desaciertos de los últimos años... Este es el cuarto y último año de un gobierno nacionalista, después de un período presidencial a cargo del Partido Liberal.
¿Por qué se ha caracterizado el actual gobierno? ¿Han sido positivas las medidas tomadas, es decir, se han alcanzado las metas propuestas durante la campaña política? ¿Se cumplieron las promesas del mejoramiento económico, social y cultural durante estos cuatro años?
Cada hondureño puede contestar sinceramente en su interior las respuestas a las preguntas anteriores. Suponemos que habrá empleados de gobierno, para quienes estos años han sido excelentes, pues su patrimonio se ha multiplicado, pero para la gran mayoría la situación es muy difícil, es completamente diferente; su pobreza se ha acentuado.
Los antiguos problemas siguen existiendo y algunos han empeorado. Todavía hay corrupción y deshonestidad en todos los niveles especialmente en el gubernamental; los derechos humanos no son respetados; se han violado descaradamente todos los poderes del estado; no hay justicia en el poder correspondiente; no hay límite para las importaciones lujosas e innecesarias, las cuales fomentan el consumismo; las exportaciones apenas han aumentado; no se disminuyó el gasto público; la VIOLENCIA, la drogadicción, el narcotráfico y el sida están fuera del control de la Policía y los valores morales, cívicos y religiosos brillan por su ausencia.
Patriotismo significa amar y defender a su nación hasta con la vida si fuere necesario. Patriotismo es trabajar tesoneramente; es practicar la justicia y la solidaridad; es amar a los demás como a nosotros mismos; es sacrificarse en aras del bienestar común.
Honduras es una nación pequeña pero su grandeza podría medirse por la calidad humana, moral y religiosa de sus habitantes, por sus sentimientos elevados, por su trabajo arduo y orgulloso y por su ambición y deseo de superación.
Rafael Heliodoro Valle le cantó así a Honduras: “Te quiero, por pequeña, por suave y sensitiva... Oh melódica Honduras, tierra dulce y pequeña, tierra del rostro indio y del alma española”.
“¡Honduras amada, Patria nuestra, creemos en ti, te amamos entrañablemente y queremos darte lo mejor de nuestros cuerpos y almas! ¡Dios de todas las naciones de la tierra, ten misericordia de los hombres hondureños, llénalos de verdad y paz, de amor al trabajo y a la honestidad; ilumínalos cuando se hallen en tinieblas y desorientados; purifícalos de todo pecado; confírmalos en tu amor y gracia por medio del Espíritu Santo y haz que sean individuos generosos que quieran sacrificarse por los demás!”.