14/06/2024
07:20 AM

Por qué no soy rector

Víctor Ramos

No pude acceder a la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ya, en 2009, gané el concurso, según me contaron dos personas que participaron en la calificación de los candidatos, pero me negaron el cargo. En esa ocasión la decisión de elegir al seleccionador tuvo el aval del Ejecutivo con mediación del ministro de Gobernación. Pronto vino el golpe de Estado y el desenmascaramiento.

También intenté, en varias ocasiones, llegar al decanato de la Facultad de Ciencias Médicas, en donde ejercía la docencia, pero el BARM, organización en la que participé como fundador para orientar a la Facultad por nuevos senderos, traicionó su ideario y se puso al servicio de Ramos Soto y todos los decanos fueron escogidos entre los miembros del Fuud, sin ningún resultado transformador. En una ocasión, luego de que me entrevistaron, un miembro de la Junta de Dirección me dijo: “Usted es el único que tiene claro lo que hay que hacer”. Un decano, falto de vergüenza, me confesó que pagaba a cada uno de los electores estudiantiles, mil lempiras mensuales a cambio de que lo eligieran. La paridad se había convertido en una escuela de corrupción para los estudiantes universitarios.

Yo, y dos precandidatos más, interpusimos un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia porque, de acuerdo con mi entendimiento, el proceso era ilegal y estaba diseñado para que los herederos de Ramos Soto, responsables del descalabro de la Unah, siguieran al mando de la institución sin la posibilidad de acciones renovadoras. Esa fue la razón por la cual los tres no presentamos la documentación para aspirar, no tenía sentido participar en un proceso ilegal.

La escogencia fue para el candidato que logró la menor calificación y no hay duda de que la selección fue gracias a las presiones del gobierno que tenía opciones divididas: un sector apoyaba la reelección de Herrera y otro al que fue escogido. Conozco las motivaciones para esa escogencia.

A través de la prensa, hice saber mis intenciones en el caso de llegar a la rectoría: transformar la institución por la vía de reformar la enseñanza, reorganizar el escalafón de los docentes e impulsar el desarrollo de la ciencia y hacer énfasis en la atención a los estudiantes.

En el momento que escribo este comentario, la Corte Suprema de Justicia, a través de la Sala de lo Constitucional, aún no ha emitido un fallo sobre nuestro recurso de amparo y, es casi seguro, nunca se pronunciará porque tal pronunciamiento llevaría a desbaratar lo actuado por la Junta de Dirección, electa arbitrariamente y por ende ilegales todas sus ejecutorias.

El rector electo podrá tener muy buenas intenciones, pero en los pocos meses de su mando no he visto ninguna iniciativa que conduzca a la transformación profunda de la Universidad, más bien leí que, desafortunadamente, aceptó reinscribir a los estudiantes que ostentan un índice académico menor de 30%.

La Universidad enfrenta actualmente un grave peligro de extinción debido a que el Congreso aprobó la Ley de Educación Superior, totalmente inconstitucional, porque viola el artículo que le concede a la Unah la responsabilidad de dirigir la educación superior. Al compartir esta responsabilidad con las universidades privadas, estas se han impuesto en detrimento de la Unah. Han inducido a la Universidad a que apruebe un examen de admisión arbitrario porque quienes son reprobados en la Unah migran a las universidades privadas sin problema alguno y luego la misma Unah les reconoce sus títulos. Por esta circunstancia, la Unah ha disminuido su matrícula casi en un 33%, en detrimento de los jóvenes de escasos recursos que no cuentan con los recursos para acudir a las universidades privadas y que reciben una inadecuada educación pública. Es así como la Facultad de Medicina está sin alumnos y ha disminuido su nivel académico.

Era de esperarse, quienes luchamos en contra del golpe de Estado y de la arbitrariedad hecha gobierno con Porfirio Lobo y Juan Orlando Hernández, que el nuevo gobierno, que aspira al socialismo democrático, no permitiera un juego justo a fin de que la Universidad saliera de las manos de aquellos profesionales que son parte del plan de Ramos Soto, quien se apoderó arbitrariamente de la institución con el respaldo del criminal Gustavo Álvarez Martínez, responsable éste de varios crímenes en contra estudiantes, docentes y trabajadores universitarios.

Con una Unah, copada en todos sus mandos por los reductos del oswaldismo, poco puede esperar la juventud hondureña y la patria.

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