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Pensar sin el cerebro

  • Actualizado: 29 abril 2019 /

Comemos grasa y chocolate nos pone más feliz que una lombriz.

Noé Vega

Es increíble el nivel de prisa con que nos manejamos actualmente, no se puede encontrar a una persona cuerda por ningún lado.

El que no corre con el carro, corre en el supermercado, corre por los pasillos o corre por cualquier otro lado; pero ya nadie camina. Esto, por supuesto, trae serias consecuencias en todos los aspectos de nuestra vida, y es entonces cuando empezamos a buscar las exoneraciones de nuestras conductas.

El diabético se enoja cuando se le sube el azúcar; el hipertenso insulta cuando la presión la tiene por las nubes, y el neurasténico tiene el colon irritado. Todas esa excusas parecen tener mucha lógica, pero entonces parecería que todos estamos controlados por nuestras enfermedades, ya que son estas las que provocan nuestro carácter y nuestras acciones fuera de lugar.

Nuestro celebro poco controla ya nuestro neurasténico comportamiento general, todo lo determinan nuestros padecimientos, no pensamos con el cerebro, o será que tenemos otro cerebro y no lo estamos usando adecuadamente. Será porque hay cosas que definitivamente no se piensan con el cerebro.

Por ejemplo, el amor o el enamorarse definitivamente son condiciones en las que estamos fuera de sí, porque cualquiera en su sano juicio no diría ni haría las cosas que hacemos cuando estamos en esos “estados descerebrados”.

Así es porque lo más común de los humanos, es decir, que cuando se enamoraron no lo pensaron muy bien, sobre todo después de dos años de casados, lo que sí sintieron es como mariposas en el estómago.

Semejante síntoma físico, nada cerebral, les hizo pensar que tenían en frente a la otra mitad de su vida, su otra naranja. He allí el detalle, primero fueron las mariposas en el estómago y después pensaron, algo parecido a lo que decimos de nuestras enfermedades.

Insultamos y es que andamos con la azúcar elevada, no nos pueden ni ver porque andamos hipertensos, y después nos arrepentimos de lo que hicimos o dijimos, y todo es culpa de la enfermedad. Y es que ya no pensamos o es que no tenemos cerebro, o tal vez tenemos otro cerebro y no nos hemos dado cuenta.

Los sacerdotes de este templo que hoy llamamos ciencia y que esperamos nos respondan todas nuestras interrogantes, aunque muchas veces andan tan perdidos como nosotros, nos dicen hoy que las mariposas en el estómago que sentimos cuando nos enamoramos no es otra cosa que el sistema entérico desviando sangre fuera del estómago cuando el cerebro sufre tensión o estrés, cosa que parece tener mucha lógica y sentido, pues lo que se acerca después de esta sensación tan rara no será el cielo.

Y es que es en el estómago donde se encuentra el sistema entérico y es considerado por los científicos como nuestro segundo cerebro, un sistema que se altera, tranquiliza o se desestabiliza depende de lo que comemos, por eso comemos grasa porque nos hace sentir felices y el chocolate lo pone más feliz que una lombriz. Es este segundo cerebro el responsable más bien de nuestras actitudes y somos nosotros quienes decidimos cómo alimentarlo.