Un rey ambicionaba tener la pintura de un gallo en su palacio. Por lo tanto, le pidió al mejor pintor de su territorio a que le hiciera el cuadro dándole tres meses para terminar dicha obra. Cuando el tiempo se cumplió los sirvientes reales vinieron donde el pintor, pero éste les dijo que aún no lo tenía listo. El rey se enojó mucho y le dio al pintor otros tres meses de plazo. Al cumplirse el nuevo plazo, el cuadro todavía no estaba listo y el rey, más enfurecido todavía, a regañadientes le dio un año más para que terminara la pintura. Lo mismo pasó al año, y a los dos años… hasta que el rey, preso de ira y frustración, fue personalmente a la casa del pintor. Al solo entrar exclamó: ¡enséñame lo que has hecho! ¡Hoy mismo te cortaré la cabeza! El pintor sacó un lienzo en blanco hizo unos trazos con el pincel y en pocos segundos tenía pintado un cuadro, el más hermoso que había visto el rey. Éste, sorprendido, le dijo: ¿cómo es posible que todo este tiempo no hayas hecho nada y ahora en pocos segundos hagas una pintura maravillosa? El pintor hizo pasar al rey a su taller donde había un sinfín de cuadros, bocetos, esculturas, y dibujos sobre gallos. Había pasado todo ese tiempo practicando arduamente, para poder hacer una pintura con excelencia.
Lamentablemente vivimos en un medio donde ya no se valora la excelencia. No estamos entusiasmados ni dispuestos a dar lo mejor de nosotros en cualquier ámbito. Basta con ver nuestras calles llenas de basura, empleados públicos o de empresa privada cumpliendo a medias con su deber. Hay una conducta generalizada de hacer el mínimo esfuerzo. En las redes sociales se observa que son pocos los que cuidan la ortografía. Muchos se conmovieron con la trágica muerte de un actor de cine (Paul Walker) pero increíblemente no sabían quién era Nelson Mandela, y mucho menos conocían su legado. Nos hemos acostumbrado a un estándar bajísimo de calidad en todo aspecto.
Una historia muy conocida en la Biblia, en el libro de Génesis capítulo 4, es la de Caín y Abel. Vemos que ellos ofrecen a Dios una ofrenda según el trabajo que ellos desempeñaban. De Caín se dice que ofreció los productos que él sembraba en el campo, no se menciona si eran buenos o malos. En cambio, de Abel se hace una descripción especial. Ofreció lo mejor que tenía. Abel tenía algo muy claro en su mente, que Dios merece siempre lo mejor, por consiguiente, todo lo que tenía que ver con su vida era de excelencia, de un estándar muy alto. Por esa razón recibió la aprobación divina. Muchos nos quejamos de la mediocridad del mundo, del país, del Gobierno, de las cosas que nos rodean. Pero siendo sinceros, evaluémonos, ¿estamos dando lo mejor de nosotros en nuestro trabajo? ¿Podemos decir que nuestro desempeño en la vida es de alta calidad? ¿Estamos ofreciendo lo mejor a Dios, a nuestra familia y a nuestra Honduras? Este 2014 es un buen momento para comprometernos con ello, ¿no cree?