En mi opinión el tema de la inmigración en los Estados Unidos tiene un solo problema, el político, con vistas a las elecciones de Noviembre próximo en que se elegirá parte del Congreso, tanto para los demócratas que giran alrededor del presidente Obama que pretenden captar el voto hispano, como para los republicanos aglutinados alrededor del presidente de la Cámara de Representantes John Boehner que pretenden conservar el voto de los norteamericanos más recalcitrantes, que están en contra de una reforma migratoria liberal, o que lejos de esto, desean reforzar las fronteras y las medidas para frenar el paso de los ilegales hacia el interior del país. Si bien es cierto que el Senado aprobó una reforma migratoria para 12 millones de indocumentados, considerada por algunos como muy amplia, la misma no tiene eficacia de ley, sino pasa por el tamiz de la Cámara de Representantes que tiene su propia versión, misma que limitaría una legalización para muy pocos.
Ante este dilema y falta de acción de los republicanos, el presidente Obama ha anunciado que tomará medidas unilaterales de tipo ejecutivo. “Tenemos que arreglar nuestro sistema de inmigración, que está fracturado, y aprobar una reforma de inmigración con sentido común”, dijo Obama en una reunión en la Casa Blanca en el Día de la Independencia, pero al mismo tiempo que esto sucede, está lidiando con los indocumentados que ingresan por la frontera Sur, sobre todo con el éxodo de los niños y adolescentes centroamericanos a quienes ha ofrecido deportar, y hacerle frente a esta sorpresiva crisis, lo que ha desatado una serie de críticas a su administración, ya que por una parte ha prometido tomar medidas para facilitar que los indocumentados permanezcan en el país, por la otra se ha referido a lo que llamó “responsabilidad” de mantener las fronteras seguras, a los empleadores que contraten inmigrantes indocumentados y a aquellos que estén sin la respectiva documentación en el país, lo que ha irritado a grupos de defensores de los inmigrantes que lo apoyan. Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, echó un balde agua fría al diálogo migratorio al afirmar contundentemente que “será difícil avanzar sobre este tema en 2014” en lo que puede considerarse un recelo de los republicanos hacia la Casa Blanca, recordándole al presidente Obama su obligación de hacer cumplir las leyes del país, concluyendo “que será difícil avanzar en una legislación de inmigración hasta que eso cambie”, arguyó.Es decir, que mientras Obama acusa a los republicanos por el descarrilamiento de la reforma migratoria, estos lo acusan a su vez de falta de responsabilidad en el ejercicio de sus funciones relacionadas con el cumplimiento enérgico de la ley.
