Yo adoro a Charlize Theron; el tráiler de “Atomic Blonde” está para morirse de risa, y me encanta la historia que sigue compartiendo con los entrevistadores sobre haber entrenado tan duro para las escenas de peleas que se resquebrajó varios dientes.
Sin embargo, por favor, dejen de decirme que “Atomic Blonde” sigue el mismo camino que “Wonder Woman”, que equivale a cierto momento para el cine, que nos va a inundar de protagónicos femeninos de acción. Ya antes he oído ese chiste demasiadas veces.
Mejor hablemos sobre todas las mujeres maravillosas – peleoneras, chillonas, maquinadoras, soñadoras – en la pantalla chica, un sobrenombre que tenemos que quitar porque la televisión está resultando ser infinitamente más grande en espíritu y más en armonía con el momento que la mayoría de las baratijas estridentes que traspalan a los multicines.
Intercambiemos la indignación usual y tristemente necesaria sobre lo pésimamente que se está representando a un grupo dado de estadounidenses por una efusiva aclamación sobre algún progreso alentador.
Las nominaciones a los Emmy salieron la semana pasada y afirmaron no solo que la televisión está, en efecto, pasando por una edad de oro, sino, también, que parte de eso es sus oportunidades jugosas para las actrices. En términos de paridad de género, avergüenza al Estados Unidos corporativo, al gobierno de Trump y al Senado.
Un crítico de televisión del “Times”, James Poniewozik, señaló hacia “la fila de las asesinas”, las actrices nominadas a la mejor actuación protagónica en una serie limitada: Jessica Lange y Susan Sarandon en “Feud: Bette and Joan”; Reese Witherspoon y Nicole Kidman en “Big Little Lies”; Carrie Coon en “Fargo”, y Felicity Huffman en “American Crime”.
Cinco de ellas tienen más de 40 años. Dos (Lange y Sarandon) tienen más de 60 e interpretan papeles son muestra expresa de la doble moral sexista y el escarnio que encaran las mujeres si hacen algo tan audaz como envejecer bajo los reflectores.
Sí, hay un giro negativo en esto: ¿por qué Lange, Sarandon, Witherspoon y Kidman, todas ganadoras del Oscar a la mejor actriz, huyeron a la televisión?
También, la desproporcionada multitud de hombres nominados en las categorías de guiones y dirección este año sugiere que, a pesar de los recientes éxitos de escritoras, directoras y productoras o “showrunners”, como Shonda Rhimes (“Grey’s Anatomy”, “Scandal”), Lena Dunham (“Girls”) y Jill Soloway (“Transparent”, “I Love Dick”), las mujeres no consiguen suficientes oportunidades detrás de la cámara.
Sin embargo, ya no se puede decir que la televisión sea el medio en última instancia. Y lo que está pasando frente a la cámara realmente sí justifica la celebración.
A menudo, después de las nominaciones al Oscar, se habla de cuan duro fue llenar, creíblemente, los cinco lugares en la categoría de mejor actriz. Las del Emmy dan cabida a seis o siete nominados y el parloteo este año se ha concentrado en cómo fue que no se pudo meter a muchas mujeres que lo merecían. Ninguna Dunhma por “Girls”, ninguna Oprah Winfrey por “The Immortal Life of Henrietta Lacks”, ninguna Claire Danes por “Homeland”, y no hay delito en nada de eso porque hubo mucho más que lo merecía - y obtuvo - el reconocimiento.
Comparar a los nominados a mejor actor de reparto y mejor actriz de reparto en una serie de comedia es un recordatorio de que las mujeres rigen en el elenco de “Saturday Night Live”. De ese programa, solo un actor recurrente, Alec Baldwin, obtuvo un reconocimiento actoral, en tanto que lo recibieron tres actrices, Kate McKinnon, Vanessa Bayer y Leslie Jones.
No es solo que las actrices están haciendo las interpretaciones más grandiosas de la televisión, sino que muchos de los programas más destacados – “The Handmaid’s Tale”, “Better Things” – abordan temas relacionados con el género.
La temporada más reciente de “House of Cards” se trató, de alguna forma, del álgebra engañosa del borramiento, la afirmación y la ingenuidad detrás del camino al poder de muchas mujeres. Terminó (¡alerta de información anticipada!) con dos palabras triunfantes de Claire Underwood, a la que interpreta Robin Wright, que evocó, explícitamente, a la campaña de Hillary Clinton en 2016: “Me toca”.
Ahora hay un mundo de mujeres fascinantes y actrices fieras en la televisión. Gran Bretaña, que hace mucho conjuró el milagro de Helen Mirren en “Prime Suspect”, hace poco triplicó con las detectives desordenadas y cautivadoras, interpretadas por Sarah Lancashire en “Happy Valley”, Gillian Anderson en “The Fall” y Anna Friel en “Marcella”.
Y, finalmente, esta semana, los productores de las series “Doctor Who” de la BBC anunciaron que será una mujer, la actriz Jodie Whittaker, quien interprete el papel del doctor, que ha cambiado de manos en repetidas ocasiones al paso de los años. Una primera vez.
Sin embargo, ver a Lancashire en “Happy Valley”, a Lange en “Feud” o a Viola Davis en “How to Get Away With Murder” no es para aplaudir a la justicia social. Es para saborear un talento artístico fenomenal. La televisión demuestra lo que se ha observado en todos los ámbitos de la vida: para el mejor talento, hay que lanzar lejos la red y no ignorar a ninguno de los grupos disponibles.
Hace mucho, Theron trabajó en una película con Tom Hanks, quien le firmó el guion con palabras que, le dijo ella a “Variety”, “apuesto a que se las está comiendo”. Estas fueron las palabras: “Prométeme que nunca harás televisión”.
Yo quiero que prometa que hará mucha televisión. Le darán papeles más sustanciosos de esa forma y podría ser que ya ni siquiera le tuvieran que arreglar los dientes después.
