08/01/2026
01:52 PM

La magia del cine

'En nuestro quehacer cotidiano olvidamos la magnificencia de la que somos parte, nuestra propia vida'.

Francisco Gómez Villela

En las últimas escenas de la película Salvando al Soldado Ryan, una historia de la II guerra mundial, el capitán John Miller, herido de muerte en un puente en una ciudad de Francia, toma de las solapas de su uniforme al soldado James Ryan, a quien en una misión especial han acudido a salvar luego que tres de sus hermanos perecieron en la guerra y por el que han entregado la vida varios de sus soldados y le pide con voz agónica: “ sea digno de esto, merézcalo”, refiriéndose a que está muriendo para que él viva.

En la escena final aparece Ryan, ya en sus sesenta, en el cementerio de Arlington acompañado de su familia adonde ha acudido a visitar la tumba de Miller, y en un momento a solas frente a la misma le habla diciendo: “ Todos los días de mi vida he pensado en las palabras que me dijo en aquel puente. Intente vivir la vida lo mejor que pude. Espero que ante sus ojos haya sido suficiente, que haya sido digno por todo lo que hicieron por mí”.

¿Y nosotros qué circunstancias necesitaríamos para llevar una vida correcta?

En la película Rocky Balboa. el protagonista cuestiona a una persona a la que le ofrece su ayuda y esta duda de sus intenciones: “¿Por qué tienes que deber algo para que te den algo?”r Refiriéndose a la espontaneidad del dar.

En nuestro quehacer cotidiano olvidamos la magnificencia de la que somos parte, nuestra propia vida, y por eso no actuamos de una manera acorde. Actuamos según nuestras necesidades del momento, sin pensar si es correcto o no.

Achacamos nuestros fallos o errores a “la naturaleza humana”, y con eso justificamos nuestro pobre proceder. Usamos la “naturaleza humana” como una excusa, cuando en realidad es un término que alude a la magnificencia de un ser creado por amor, perfecto, y que representa la expresión física de un Dios amoroso. La demeritamos como si fuera un error de la Creación.

Nuestra línea basal es Dios. Pero lo olvidamos y lo cubrimos con todo lo que tenemos para no recordarlo, ya que es más fácil vivir así, sin ser conscientes que estamos traicionando nuestra esencia divina.

Sí, indudablemente esa es la magia del buen cine. Ocasionalmente nos presenta buenas historias con buenos mensajes.

Ese soliloquio en el cementerio de Arlington es inolvidable y estremecedor. Encierra el concepto de una vida con propósito. Y nos hace cuestionarnos cómo ha sido la nuestra.