En el trajín cotidiano pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que las mujeres son capaces de sobrellevar, con esa habilidad de ser multitareas, pero que siempre provoca agotamiento.
Es justamente el agotamiento lo que puede definir esta época por la que nos corresponde transitar, en la que las mujeres suelen estar sobrecargadas, no solamente por la cantidad de roles que corresponde desarrollar, sino porque en estas condiciones es muy difícil separar un escenario de otro.
Me explico mejor: antes era posible definir ciertos horarios y tareas de acuerdo con el lugar y el tiempo destinado; pero ahora todo suele mezclarse, en una espiral sin fin. Es como si se tratara de una esfera de vidrio, de esas que suelen tener escarcha y al agitarlas todo se mezcla.
Es imposible no recordar la reflexión del filósofo español José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, es decir, que no solamente somos una realidad, sino también lo que nos rodea: el tiempo, el lugar y el modo, del que también somos parte.
De allí que sea tan relevante la empatía, como la capacidad de colocarse en el lugar del otro, con la intención de comprender y actuar. No podemos juzgar la realidad de los demás, a partir de nuestra realidad personal, es indispensable ejercitar constantemente la empatía.
En el caso específico de las mujeres, en un contexto cultural como el nuestro en el que predomina el machismo, este tema es aún más complejo. La atención del hogar, la educación de los hijos, la preparación de los alimentos, el trabajo propio y un sinnúmero de tareas más se han combinado en una mezcla difícil de sobrellevar. En Honduras se estima que más de 700 mil madres solteras sostienen el 33% de hogares (2019) de acuerdo con publicaciones que citan como fuente el Centro Nacional de Información del Sector Social (Ceniss) y el Observatorio Demográfico de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (ODU).
Ante esas circunstancias, la labor de las mujeres es aún más compleja, pues por una parte deben proveer sustento a sus hogares, y por otra, cuidar de los hijos en un momento en el que la educación presencial es una quimera.
Proteger el empleo de miles de mujeres es un asunto relevante hoy más que nunca, precisamente por el rol que desempeñan no solamente como proveedoras de recursos económicos, sino como guías de sus hogares.
¿De qué manera encarar estas circunstancias? La flexibilidad de horarios y formas de trabajo remoto pueden ofrecer alguna salida, pero no en todos los casos. ¿Qué soluciones innovadoras podríamos desarrollar? Esa es una gran pregunta a tomar en cuenta.
La situación de las mujeres en Honduras no solamente está definida por los hijos, sino en muchos casos también por la responsabilidad con los padres. Así, es frecuente encontrar mujeres a cargo de sus padres, así como abuelos haciendo la labor del cuidado de sus nietos.
El abordaje de la situación de la mujer y el trabajo en contexto de pandemia es vital para hacer frente a los enormes desafíos que enfrenta el país en la reducción de la pobreza. La perspectiva de género es indispensable en ello, no solamente para el presente, sino para el futuro del país.
Para alcanzar el desarrollo sostenible que anhelamos hay que establecer las circunstancias diversas que encontramos en este pequeño país, con una realidad enormemente compleja. Ese ese es uno de los grandes retos que esperan la acción de nuevas autoridades que resulten electas en noviembre próximo. El tiempo apremia.