Ayer, 16 de mayo, se conmemoró el Día Internacional de la Convivencia en Paz para recordar la importancia de vivir en paz y prevenir la violencia, reflexionando que mucho está a nuestro alcance cuando aceptamos las diferencias, y somos capaces de escuchar, respetar y apreciar a los demás .

Y también ser conscientes que vivimos en sociedades con muchas inequidades y luchas. Estamos rodeados de diversidad de conflictos, a nivel mundial, las guerras, accesos limitados a medicinas y alimentos, las crisis climáticas, de desplazados y refugiados, etc. Estas realidades no son ajenas a Honduras y tienen un impacto negativo en las vidas humanas. Debilitando la confianza y socavando el goce de derechos.

Sin embargo, con acciones preventivas y de respuesta a crisis se puede contribuir para superar divisiones y la violencia. Y, eso, no es tarea sencilla, porque la paz y la seguridad requieren de confianza y solidaridad.

Impacta saber que, de acuerdo con una investigación del PNUD realizada en Tegucigalpa y San Pedro Sula, la mayoría de entrevistados señalaron que viven en una situación donde “nadie confía en nadie” en sus barrios o comunidades; sumando a ello, los espacios públicos, al ser dominados por maras, pandillas o delincuencia común, carecen de su valor para la recreación y como lugar de encuentro para las interacciones vecinales .

La continua sospecha y el temor generan una convivencia negativa. A nivel macro, el descontento y manifestaciones de violencia, en su gran mayoría, son contra el Estado y en contextos de luchas de poder.

De acuerdo con el Sistema de Alerta Temprana que monitoreaba eventos de violencia durante las recientes elecciones e implementado por la Unión Europea y el PNUD, de los 124 incidentes reportados, los de mayor frecuencia estuvieron vinculados con actos violentos, amenazas y homicidios. Asimismo, según una encuesta de noviembre de 2021 realizada para el PNUD, más del 70% de las personas contestaron tener ninguna o poca confianza frente a la labor de transparencia y rendición de cuentas de las instituciones públicas.

En estos contextos, salvaguardar la paz y la seguridad ciudadana es esencial para un desarrollo sostenible. Y, esto, está intrínsecamente relacionado con el fortalecimiento de un estado de derecho, con instituciones efectivas y eficientes, y transparentes, liderazgos comprometidos, y con políticas sociales incluyentes, protegiendo a las personas más vulnerables, los grupos menos favorecidos y aquellos que históricamente no han sido atendidos, bajo una mirada de resiliencia y sostenibilidad.

Desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hemos facilitado procesos y herramientas para promover espacios de convivencia pacífica, como la mediación interna, que consiste en apoyar y fomentar procesos de diálogo, y/o negociación para prevenir, manejar, y resolver conflictos.

Este tipo de mediación involucra a figuras que están dentro del conflicto y pueden usar su influencia y credibilidad para resolverlos, así como se contribuye en hacer más eficiente el sistema de justicia. Trabajamos con grupos insuficientemente representados para promover liderazgos, su participación y representación en espacios de toma de decisiones, en esto la juventud tiene un rol central.

Asimismo, acompañamos procesos para la prevención de conflictos, liderados por las autoridades nacionales y locales. Estas iniciativas, basadas en los derechos humanos, aportan a la confianza, tanto a nivel comunitario como institucional, fortaleciendo la cohesión social.

El mantenimiento de la paz es una responsabilidad compartida, y nuestro rol es promover la tolerancia, la inclusión, la comprensión y la solidaridad. La convivencia pacífica es un pilar fundamental de la agenda para el desarrollo sostenible y una condición para garantizar la dignidad de las personas.