“La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo”: William Ross Wallace. Ser una madre es guardar el equilibrio, es una hazaña y una aventura, ellas se mantienen atentas a guardar el corazón en el proceso de formación de sus hijos y sin que ellas puedan ser afectadas si hay desprecio, temores y dudas. Es una labor que no siempre es reconocida, atendida y recompensada, pero cada hombre sabe que quedarse en casa y atender lo que hace una madre en el día es como dicen en Puerto Rico un tubo y siete llaves.

Una madre está llena de sentimientos de alegría, pero a su vez de conflictos internos y externos; ellas viven los logros de sus seres amados, pero de igual forma personalizan los fracasos de ellos; no podemos ignorar lo que ellas experimentan el primer día de escuela de sus hijos o de la universidad, seguramente se desprenden las lágrimas de sus mejillas, cumplen sus compromisos laborales y además dedican tiempo para sus hijos, ellas inciden en los valores de sus hijos para llevar una vida de respeto e integridad.

La mujer es imprescindible en todo hogar y su falta es tan significativa que existen muchos hogares disueltos. Las buenas mujeres no aparecen todos los días, son como los rubíes, hay que buscarlas. Los hombres buscan el poder pero la mujer es influencia.” ¿Quién podrá encontrar una esposa virtuosa y capaz? Es más preciosa que los rubíes. Proverbios 31:10 NTV. Las mujeres son trabajadoras y con esmero.

El que educa a un hombre lo hace con un individuo, pero quien educa una mujer educa una familia. Ellas reciben en primera línea las quejas, llantos y lamentos de los hijos al final saben cómo salir y sacar adelante las adversidades.

“Desde que llegó no ha dejado de trabajar con esmero, excepto por unos momentos de descanso en el refugio”: Ruth 2:7 NTV.