Erik Weihenmayer nació en Princeton, New Jersey, la ciudad donde floreció el genio de Albert Einstein. Siendo un bebé, la familia se mudó a Coral Gables, Florida, y cuando tenía unos siete años, los Weihenmayer se mudaron nuevamente; pero esta vez a Hong Kong. Erik estudió en la Hong Kong International School.

La familia decidió regresar a los Estados Unidos, esta vez a Connecticut, un estado pequeño, marino y deportivo. Allí, Erik practicó lucha libre juvenil y representó a su estado en el Campeonato Nacional Juvenil.

Le habían diagnosticado rentinosquisis congénita, un raro mal ligado al cromosoma X que produce ceguera. A los 16 años, ya ciego, aprendió Braille. Recibió un boletín que hablaba de un grupo que conectaba a jóvenes ciegos para escalar montañas no muy grandes. Sus padres lo impulsaban a no quedarme sentado, así que se inscribió. Ahí nació su tremenda afición al alpinismo. Mas tarde se unió al Arizona Mountanineering Club, y ahí pasó su tiempo libre con el montañismo como pasatiempo.

A los 27 años subió, siempre asistido por un equipo, al Monte McKinley, el pico más alto de América del Norte. En 1999 trepó el Aconcagua, en Sudamérica. En el 2000 conquistó el Monte Visón en la Antártida. Y en 2001 logró otro patrocinio, este para viajar a Nepal y desafiar el Everest.

Los sherpas se negaban a guiar a un ciego, lo consideraban un riesgo para todos. Pero cuando vieron la facilidad con la que se movía Erik, pensaron que era mentira la ceguera. Su equipo y los sherpas lo guiaban gritándole instrucciones para dirigirlo por las brechas, las grietas y las trampas del hielo.

El 25 de mayo de 2001, Erik fue el primer ciego en llegar a la cumbre del Everest.

La revista Time le dedicó una de sus portadas, en la que se le ve en plena escalada, con el título “Blind Faith”, “Fe ciega”.

Después de eso subió el Elbrus y el Kosciuszco, convirtiéndose en uno de los montañistas en haber escalado las legendarias “Siete Cumbres”. ¿Siente usted que para nuestra vida diaria hay una lección en esta historia?

LO NEGATIVO: Escudarnos en nuestros pequeños inconvenientes a manera de disculpa.

LO POSITIVO: A pesar de nuestras dificultades, atrevernos a cumplir nuestros sueños.