15/06/2024
12:39 AM

“Inditos”

Francisco Gómez

Idiosincrasia se define como “el temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad”.

Aquí en nuestro país nos queda mejor el término “idiosincrasia”. Esto en alusión al termino peyorativo que utilizamos para referirnos a la gente del campo, de tierra adentro. “Inditos” les decimos, aludiendo al estereotipo de que son ignorantes, sin ningún tipo de educación, de costumbres vulgares.

En el gobierno del general Oswaldo López Arellano, en el año de 1969, la Virgen de Suyapa fue nombrada Capitana de las Fuerzas Armadas.

¿Capitana de las Fuerzas Armadas?, increíble pero cierto! Le dieron una propiedad humana a una deidad. Eso hacemos con frecuencia los humanos. A Dios lo imaginamos con barba blanca, a Cristo con cabello largo. Les damos figuras humanas porque no sabemos lo que no sabemos.

¿Pero por qué capitana y no coronel o general? Solo el general López Arellano lo sabrá.

Descubierta el 3 de febrero 1747 por dos labradores, y para conmemorar ese hallazgo en esa fecha en la basílica de Suyapa se lleva a cabo una eucaristía en su honor, donde acuden la plana mayor del Ejército, del Gobierno, figuras políticas, para mostrar sus respetos a la Virgen Capitana. Medallas relucientes, finas corbatas, bolsos de marca, egos inflados.

¿Fervor, devoción, fe? No, puro circo. Van para salir en la foto y en los noticieros. En ellos lo que menos hay espiritualidad.

Esa es la más clara representación de la hipocresía de los Gobiernos, mostrar un respeto divino que no sienten.

Al finalizar la ceremonia y después de las sociales, salen de allí, se quitan la corona de espinas y se colocan nuevamente el traje de diario, de verdugos. Es una escena repetida todos los años, en todos los Gobiernos. Dejan atrás a la Virgen, sola, encerrada, asombrada de tanto cinismo, triste de saber que volverán el próximo año con la misma farsa.

Fuera del templo, esos líderes seguirán haciendo lo que saben hacer. Mantener al pueblo viviendo en miseria, sin trabajo, sin comida, sin salud, sin educación, sin oportunidades, sin esperanzas. El “amor al prójimo” quedó en la iglesia. Salen con sonrisas de oreja a oreja, con auras de santos, viendo por encima del hombro.

La “idiosincrasia” campea en el ambiente político nuestro. Hay unos que se llevan las palmas de la excelencia. Esos creen que la pencada es gracia. No saben leer ni escribir, ni sumar, ni restar, ni multiplicar. Solo dividir.