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Impagable

  • 19 febrero 2023 /

Hace pocos días, con motivo de la Asamblea General de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, la presidenta del Banco Central de Honduras, Rebeca Santos, brindó una conferencia magistral sobre las perspectivas de la economía de Honduras para el 2023.

Para acercarnos a lo que podría esperarse en este año, primero es preciso conocer cuál fue el desempeño de la economía en el 2022, período en el que la economía hondureña experimentó un crecimiento del 4%.

Una tasa de política monetaria estable, el crecimiento histórico del crédito al sector privado, medidas de apoyo a sectores productivos, los subsidios implementados por el gobierno, el dinamismo de las exportaciones, una moderada volatilidad del tipo de cambio nominal (depreciación interanual del 1.04%) y la resiliencia en los flujos de remesas familiares son factores que explican ese crecimiento económico, sostuvo Santos.

Este último punto, el de las remesas familiares, merece un abordaje especial por sus múltiples aristas, como por el impacto social que le acompaña.

En 2022, las remesas familiares representaron un crecimiento del 17.9% que equivale a más de 1,300 millones de dólares, siendo los meses de mayo y agosto los de mayor crecimiento, relacionados con la celebración del día de la madre y con el inicio de clases en la mayor parte de las escuelas bilingües.

Del total de divisas captadas en 2022 las remesas representaron el 44.9%, de acuerdo con datos del Banco Central de Honduras.

El impacto de las remesas en la dinámica del país, no solamente desde el punto de vista económico, sino en todos los aspectos, nos indica la enorme necesidad de prestar la debida atención tanto a la población receptora, como a las comunidades hondureñas en el exterior.

Por una parte, el costo social de las remesas es muy grande, puesto que están ligadas a historias de desintegración familiar, debido a la falta de oportunidades de desarrollo en el país. La búsqueda de mejores condiciones de vida lleva al desmembramiento de las familias y ello se refleja en problemas sociales.

Esa deuda permanente del Estado con las comunidades en el exterior es impagable, pero al menos debería traducirse en un compromiso por mantener servicios consulares de excelencia con quienes logran mantener a flote la economía del país. ¿Qué respuesta reciben?

Las estrategias encaminadas para aprovechar adecuadamente el flujo de remesas que aún crece, deben tomar en cuenta, por una parte, la educación financiera de las familias receptoras, así como facilidades para el emprendimiento que contemplen no solamente la capacitación y el seguimiento, sino también productos financieros especiales para esta población.

Por otra parte, la Cancillería de la República, a través de las misiones diplomáticas en el exterior debería priorizar la vinculación con las comunidades hondureñas, no como actividades aisladas, sino como una estrategia de país, con el objetivo de mantener esos vínculos que, de lo contrario, con el pasar de los años y las generaciones, corren el riesgo de perderse.

México es un buen ejemplo de aplicación de estrategias de arraigo de las comunidades en el exterior, a través de la diplomacia cultural, una red consular fortalecida, en constante servicio a sus connacionales y la implementación de programas de bienvenida a esas comunidades, en épocas clave del año.

Ahora estamos a tiempo de definir estrategias, porque aún las remesas siguen en aumento, pero no siempre será así. El arraigo, la nostalgia por la patria, los vínculos afectivos se pierden si no se cultivan. Está claro que tenemos mucho que perder si no comenzamos a actuar ahora. Prestemos atención a esos 1.5 millones de hondureños fuera del país, tenemos una deuda con ellos.

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