18/04/2024
05:07 AM

Hablemos jerga

Renán Martínez

El buen lenguaje parece naufragar en el mar de la jerga que hablan las nuevas generaciones, sobre todo, en las áreas urbanas. La jerga de los jóvenes depende del lugar donde se practique, así como del nivel de educación y estatus social del hablante, entre otros factores.

Esta forma de expresarse se enriquece en nuestro medio con palabras traídas de otros países como México en donde se les pegan, como el mozote, a los migrantes que luego se ven obligados a regresar a su patria, trayendo consigo ese cúmulo de vocablos los cuales mezclan con el lenguaje común.

Estados Unidos, por ser una nación cosmopolita invadida por hablantes de muchas nacionalidades, se ha convertido en un reservorio de extrañas palabras que fácilmente se enredan en la lengua de los hondureños indocumentados quienes luego son deportados. Vuelven a su país hablando como mexicanos, colombianos, etcétera, es decir, según las personas con las que convivieron en el país del norte.

La jerga también ha contagiado a algunos políticos como a uno que la usó para referirse en forma vulgar y despectiva a los gringos luego de ser mencionado como posible extraditable por supuestos vínculos con el narcotráfico.

Una jerga “sana”, sin palabras soeces, podría aportar beneficios a la cultura, pues permite a los jóvenes interactuar en sociedad y marcar la identidad en esta nueva generación, además demuestra que el lenguaje está en continuo cambio. Pero hay jergas que hasta en el saludo habitual sustituyen con palabras indecorosas que no contribuyen para nada a la correcta expresión lingüística. “Qué onda, maje?”. Más bien van haciendo desaparecer palabras elegantes de nuestro lenguaje. Muchos de esos vocablos han ido cayendo en desuso y por consiguiente no son del dominio ni de jóvenes con estudios universitarios.

La palabra jerga no solamente se refiere a ese lenguaje informal que usan entre sí, individuos de ciertas edades, profesiones y oficios. También significa tela gruesa y tosca, de allí aquel viejo proverbio que escuchábamos a nuestros padres: “Si gustos no hubiera, la jerga no se vendiera”.

Una de las palabras más difundidas en el argot hondureño es mara, que deriva de marabunta. Este es el nombre de una especie de hormiga gigante que ataca en grupo como las abundantes pandillas de Honduras.

Entre los políticos no falta la palabra cachureco a la que se le ha cambiado el verdadero significado de torcido o deformado por el de militante del Partido Nacional. Comenzó usándose en forma despectiva, pero ahora los mismos nacionalistas lo usan para identificarse a sí mismos, sobre todo en tiempos de campaña como la que ya asoma, entre “cachos”, “cheles” y “refundidores” , pese a que faltan más de dos años para las elecciones.