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Guatemala, una nueva esperanza

  • Actualizado: 22 agosto 2023 /

La pobre Guatemala no ha sido, ciertamente, el país de la eterna primavera, sino, más bien, el país de la eterna dictadura. Esta situación arranca desde la dominación colonial: Pedro de Alvarado conquistó los reinos mayas de Guatemala y sometió a la población indígena a una feroz represión y asesinato. Posteriormente, Guatemala se convirtió en el centro del mando de la Capitanía General y desde la ciudad capital del Reino, la clase feudal burguesa impuso su dominio a los productores de las provincias, razón por la cual varios territorios dependientes de la Capitanía General se habían adherido a México, antes del 15 de setiembre de 1821, con la condición de no depender de Guatemala. Desde inicios del siglo 18, la familia Aycinena tenía el control político y económico de Centro América, control que ejercía oprimiendo a los demás pueblos del reino. Los Aycinena, con sus diversas ramificaciones, tienen todavía en sus manos la economía y la gobernanza guatemalteca.

Tras la independencia, Guatemala ha sufrido una serie de feroces dictaduras, comenzando por la tiranía que impusieron los Aycinena a través del primer gobernante de las Provincias Unidas del Centro de América, el General José Manuel Arce, cuyos actos de violación de la ley fueron el detonante para que Morazán organizara el Ejército Protector de la Ley para restablecer el imperio de la Constitución. Luego, tras la desintegración de la Federación, vino un sanguinario destazador de cerdos que gobernó con mano sanguinaria durante largo tiempo a la desventurada Guatemala. Miguel Ángel Asturias, en su famosa novela El señor presidente, caracteriza los tiempos de terror que vivieron los chapines durante el gobierno del tirano Estrada Palma.

La Revolución de octubre de 1944 derrocó a Federico Ponce, quien se había apropiado del gobierno en sustitución de Jorge Ubico, otro tirano sanguinario, obligado a renunciar por la presión ciudadana, e hizo posible el arribo a la presidencia, mediante una elección trasparente, del Dr. Juan José Arévalo, padre del actual triunfador de las elecciones para Presidente. Juan José Arévalo inició un régimen de transformaciones sociopolíticas para favorecer a las capas indígenas permanentemente olvidadas y sometidas a la represión, al despojo y el asesinato. Le siguió en la presidencia un coronel lleno de ideales para impulsar el desarrollo capitalista de Guatemala, el coronel Jacobo Árbenz. Éste fue más allá de lo iniciado por Arévalo e impulsó una reforma agraria que incluía los terrenos ociosos de la United Fruit Co. Los personeros de la compañía bananera tenían puestos claves en la administración norteamericana e hicieron posible, con la complicidad de Honduras y de Nicaragua, el derrocamiento sangriento de Árbenz, perpetrándose así el primer golpe militar en América patrocinado por la OEA, como instrumento de Estados Unidos.

Entonces se estableció de nuevo la dictadura que fue sucediéndose mediante golpes y asaltos al poder a través de fraudes electorales organizados por generales acusados de genocidio y de persecución y despojo de los pueblos indígenas. Morales y Giammattei, los últimos gobernantes, asumieron el mismo papel que los generales y sus mandatos se caracterizaron por la represión a los indígenas y al pueblo acosado por la pobreza y la miseria.

Sorpresivamente, surgió un candidato a la presidencia, Bernardo Arévalo, hijo del presidente Arévalo, quien se propone volver a las ideas de su padre de enfrentar la pobreza y de luchar por una sociedad más justa. Ha ganado las elecciones con un margen importante, a pesar de los intentos del stablishment de impedirle su participación. Tal triunfo ha preocupado a la élite empresarial dominante en Guatemala, acusada de corrupción y que no ha vacilado en querer sembrar el pánico con el mismo viejo cuento de “ahí vienen los comunistas come niños y que quitan todo a los pobres”. Guatemala, con esta elección, ha tomado un rumbo diferente. Deseamos que el presidente Bernardo Arévalo haga honor a la memoria de su padre Juan José Arévalo y del Presidente derrocado mediante una intervención extranjera Jacobo Árbenz y que impulse un gobierno progresista para anular a los radicales que han mantenido a Guatemala en el sometimiento, la opresión, el genocidio y la sumisión a intereses extra-nacionales.

Una nueva aurora con nuevas esperanzas para los guatemaltecos de a pie espero surja en Guatemala y que la primavera reinicie para ser eternamente eterna.

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