En la antesala del partido eliminatorio la semana anterior, el espurio Congreso Nacional anotó golazo desde la media cancha. Mientras el pueblo lánguido se contagiaba en el estadio y gastaba sus fichas en la playa, los corruptos anotaron de nuevo con alevosía y en clara posición de ventaja.

Las mentes maquiavélicas no descansan, hilan ardides para socavar los cimientos de la república. Entre los movimientos realizados se cuentan el extender por 15 años más los beneficios a los adefesios jurídicos de las zede, eliminar la rendición de cuentas de los recursos utilizados en la campaña política, entre otros goles que solo desnudan la desvergüenza de quienes gobiernan.

Cuánta razón del otrora pensador al escribir que los pueblos tienen los gobernantes que merecen. Por años hemos escuchado la expresión ‘que los buenos somos mas’; sin embargo, ante tanta demostración en contrario ahora pongo en seria duda tal afirmación.

La ciudadanía se volvió secuaz, levanta vítores por los corruptos y extiende loas a los pretores que gobiernan bajo el trazado de sus faltriqueras. El pueblo defiende con uñas y dientes a quien le roba y además se burla de su ignorancia, es tal el adormecimiento social que se besa la mano del verdugo.

Es doloroso lo que vivimos, amable lector, que no dude ver a los amos feudales que se deleitan en los salones aristocráticos de sus palacios siendo reelegidos abrumadoramente por el mismo ciudadano que este día no tiene para almorzar o cenar. La ignorancia, la pobreza y el control son brutales.

Pero mientras tanto, la fórmula del circo (solo circo, pues pan no hay) de los romanos sigue trabajando a la perfección, no hay por qué cambiar la estrategia que sigue funcionando a los césares modernos. Al fin y al cabo, lo importante es la acción soporífera permanente sobre una población que aletargada avanza a los precipicios más profundos. Posdata: el señor Coito está observando en el lugar equivocado, los verdaderos goleadores juegan en otras canchas.