Es importante enfrentar el futuro con preparación y orden, poder ir estudiando los fenómenos que tienen efecto potencial en nuestra economía y así tomarles la mejor ventaja posible o evitar efectos adversos.
Uno de estos temas es el movimiento de las tasas de interés bancario en Estados Unidos, que tiene efectos directos medibles en diferentes aspectos de nuestra vida financiera y económica.
Cuando los intereses subieron mucho en Estados Unidos en 2022, acompañado de una baja local (producto de las políticas públicas), se dio el fenómeno de que la gente y las empresas movieran sus activos de lempiras a dólares. El diferencial en riesgo y convertibilidad siempre hacen razonable que los intereses en lempiras sean mayores; si eso no se da, se promueve la conversión a dólares (tanto local como la salida al exterior).
El efecto local puede ser considerable en poner presión en el Lempira, pero podría ser magnificado y afectaría la economía de una forma más profunda si se vuelve una salida de capital. Esto generó una sobredemanda de dólares, que, por falta de agilidad en las comunicaciones, lentitud en reaccionar para hacer los correctivos necesarios y por especulación, degeneró en la pérdida del sistema de libre conversión. Esto ha persistido hasta la actualidad, y tiene efectos negativos continuos.
Ahora estamos ante una nueva situación donde los intereses en Honduras han subido considerablemente, mientras en Estados Unidos están con una tendencia a la baja. La reducción en la inflación ha permitido que se bajen las tasas primarias, y los retornos de los bonos de tesorería van en descenso. Se espera que el efecto continúe y se acentúe en 2025. Un efecto importante es que hace más competitivo sacar capitales de Estados Unidos, y mover las inversiones a otras monedas. Históricamente esto ha coincidido con ciclos importantes de inversión en el exterior.