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EUA necesita aliados

  • Actualizado: 05 noviembre 2013 /

“Hemos enterrado juntos a nuestros soldados en Afganistán”, repitió Angela Merkel en el Consejo Europeo de Bruselas, el 24 y 25 de octubre, al tener pruebas de que su teléfono móvil había sido intervenido durante años.

Es, en efecto, escandaloso que una gran potencia espíe a sus aliados con pretextos sobre su seguridad. Se trata de una práctica humillante para ambas partes, espía y espiado. En Francia, el general Charles de Gaulle y François Mitterrand no cejaron en sus ironías sobre esta afición de los servicios americanos. Pero la tendencia se agudizó en tiempos de George W Bush, tras los ataques llamados de Las Torres Gemelas. Bush, uno de los peores presidentes en la historia de Estados Unidos, tenía una buena justificación para reforzar los servicios de Inteligencia: pero su torpeza le llevó a tirar por la borda en 48 horas aquella legitimidad.

También aquel 24 de octubre dio un puñetazo sobre la mesa de Bruselas el presidente francés, François Hollande. Los miembros de la OTAN, dijo, han recibido un trato bochornoso del primero de sus aliados. La vigilancia de afganos, saudíes o yemeníes, añadimos desde aquí, puede explicarse como se explica la de rusos o chinos. Pero aplicar ese tratamiento a franceses, británicos, alemanes o españoles revela el fondo de paranoia en que se debate la Agencia Nacional de Seguridad, NSA. David Cameron optó por la cara de póker: con Estados Unidos, cuatro países más, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, están fuera de la lista de espiables.

El círculo próximo a la canciller Merkel cree que la desconfianza de los europeos ha asestado un gran golpe al edificio construido desde 1945 con tanta paciencia. Esto es lo que el 25 de octubre sostiene un periódico llamado The New York Times.

La canciller alemana y la presidenta de Brasil encabezaban el viernes las reclamaciones, mientras el ministro de Relaciones Exteriores citaba al embajador americano en Berlín, un gesto sin precedentes en la relación germano-americana desde el fin de la Segunda Guerra mundial. La relación entre los aliados, insiste el diario neoyorquino, habrá de construirse de nuevo, casi desde sus cimientos. Cuando alguien se fía de alguien, insistía el ministro alemán Guido Westerwelle, no escucha su teléfono. Si lo hace, es con grave daño de la amistad entre escuchante y escuchado. Mientras tanto Martin Schulz, también alemán y presidente del parlamento europeo, recordaba cómo es imposible llevar adelante una negociación cuando sospechamos que la otra parte nos espía. Sigmar Gabriel, líder de la socialdemocracia, con quien Merkel se dispone a cerrar su pacto de legislatura, insiste en el peligro mayor: Estados Unidos reduce a ruinas los fundamentos de la Alianza Atlántica.

Cuando europeos y americanos creían avanzar en el gran acuerdo comercial transatlántico, que esperaban firmar en diciembre de 2014, surge el escándalo. Y es precisamente esto, la desconfianza hacia quienes son nuestros verdaderos amigos, lo que daña al líder. Un aliado da la cara por su alianza sea cual sea el riesgo. La lealtad de ese aliado es quizá el bien más preciado por la potencia hegemónica. Sin el apoyo de los verdaderos amigos, la pantalla queda fundida a negro. Es curioso, estamos ante un conflicto moral: espiar a quienes dan la vida por nosotros. Estados Unidos estará al frente del mundo quizá por generaciones: y probablemente merecerá estarlo. Pero ha de protegerse del desprestigio, un peligroso enemigo. (ABC)