Al considerar un oficio o carrera universitaria, mi papá recomendaba usar la regla de estudiar lo más complejo y riguroso posible, siendo realista y considerando la vocación. Adicionalmente, si existe la posibilidad, continuar creciendo a lo largo de la vida.

Él tuvo que dedicarse a las labores del campo en su juventud, pasando al comercio, al oficio de cartógrafo y finalmente a ser ingeniero civil.

Lo interesante no es que alguna de estas sea superior a las demás, sino que cada paso iba acompañado de un grado mayor de preparación y de forma deliberada.

La vocación en este caso es vista no como un sueño de algo específico, ya que para una persona joven que no ha estudiado le es difícil estar segura de que el “trabajo de sus sueños” lo sea en la realidad.

Sin embargo, sí puede tener la seguridad de qué áreas no le interesan, por lo que las puede descartar.

El realismo principalmente tiene que ver con evitar buscar algo que este más allá de sus capacidades intelectuales o económicas, las cuales no se pueden obviar.

Por tanto, queda un amplio abanico de opciones (tanto en oficios como en carreras profesionales) que es accesible y no repulsivo. De esto se debe procurar escoger utilizando varios criterios, de los cuales el rigor es el más importante.

Dentro de cada actividad, es posible descubrir materias, carreras o especialidades que son consideradas como más difíciles. Esta dificultad deriva generalmente de la mayor demanda de esfuerzo en tiempo y enfoque o de requerir una mayor cantidad de trabajo individual, tanto de investigación como de creación. Generalmente esos caminos denominados “yuca” son los que tienen mayor prestigio, dan más conocimiento de la especialidad y desarrollan el intelecto de forma más profunda. Una perspectiva interesante.