Emigrar no es una decisión fácil, mucho menos cuando se trata de hacerlo sin documentos, es decir, de forma irregular. Debe existir una alta dosis de desesperanza por la situación vivida en el país de origen, cierta ingenuidad sobre la magnitud de los riesgos que puede significar el tránsito ilegal fuera de las fronteras patrias y algo de idealización sobre la vida en el norte y más allá del continente.
Cada migrante irregular lleva en su espalda una historia compleja, muchas veces marcada por la tristeza, difícil de comprender para quienes desde lejos, a través de otra situación de vida, observan la situación.
¿Por qué insisten? A pesar de las noticias sobre fallecimientos, trata de personas, experiencias dolorosas y largas esperas en centros de aseguramiento; estafas y maltratos que harían sucumbir cualquier anhelo, ellos, los migrantes “ilegales” persisten en su meta.
¿De dónde sale esa férrea voluntad de irse o enviar a niños y adolescentes no acompañados al norte, con todo lo que ello implica? Los motivos deben ser más grandes que los riesgos, de lo contrario, nadie se atrevería.
La situación socioeconómica de la mayor parte de la población es determinante. Las cifras de crecimiento económico no impactan en la economía de la población, como ha señalado el Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras, Fosdeh.
Aún y cuando la tasa de desocupación mostró una leve mejoría en 2017 (una reducción del 0.9% en relación al año anterior, de acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo, OIT) enfrentamos el reto de generar mayor empleo para la juventud, pues somos uno de los países latinoamericanos con más altas tasas de jóvenes desocupados.
Pero no se trata solamente de generar empleos, sino de preparar a los jóvenes para el trabajo. La educación juega un rol fundamental y allí también hay mucho por lograr. La cobertura del sistema educativo ha mostrado avances a nivel prebásico y hasta sexto grado; pero está por debajo de los promedios centroamericanos en educación secundaria y superior (Informe de Progreso Educativo de Honduras, año 2017, por Ferema).
La pobreza crea un círculo vicioso difícil de romper, en los que el trabajo del sector público parece ser insuficiente. Se requiere la intervención de la cooperación para el desarrollo en ambos temas: educación y empleabilidad de jóvenes, especialmente de aquellos que provienen de sectores socialmente vulnerables, que cada vez son más.
Si se trata de incidir en la situación de empleo, es indispensable la participación de la empresa privada y el diálogo constante con autoridades de educación, con la sana intención de contribuir a mejorar la situación de este país tan fragmentado.
Lamentablemente el flujo migratorio irregular no se detendrá fácilmente, porque cualquier cambio tomará tiempo y las personas viven situaciones urgentes que requieren respuestas no para hoy, sino para ayer.
Los temas relacionados con migración son múltiples, muchos más de los que pueden tratarse en un espacio como éste, pero es importante mencionarlos: la corrupción, la inseguridad ciudadana, la presencia del crimen organizado, la violencia de género, la falta de acceso a vivienda, la migración interna, son algunos de ellos.
Cuando tengamos la inquietud de preguntarnos ¿por qué quieren irse? recordemos que para muchos no hay nada que perder cuando lo único con lo que se cuenta es con la propia vida y la esperanza, aunque sea remota, de lograr condiciones más dignas.
Puede ser un espejismo en el desierto, pero ¿cómo terminar con él? Primero hay que cambiar esas condiciones desérticas.