18/04/2024
12:54 AM

El periodismo de Platero

Juan Ramón Martínez

Rafael Platero hace un periodismo diferente. Desde otra perspectiva, confirma que la noticia no es necesariamente sangrienta, que no hay que trasmitirla asustando, y que su fin es llamar la atención de quien corresponda para corregir lo necesario y urgente. Ratificando que lo que hace una noticia no es ella misma, sino la forma cómo se presenta. Platero ha impuesto un periodismo austero, franco y directo en donde lo que busca no es explotar emociones, sino que provocar reflexiones y producir acciones modificadoras. Y con ello ha liberado al periodismo de sus ataduras oficiales, devolviéndole su carácter ciudadano y confirmando su naturaleza democrática. Deslindando periodismo de vocerío oficioso.

La pandemia cambió todo. Y no nos dimos cuenta. El encierro, la dominación gubernamental sobre todos, el aumento del placer por la subordinación y la tentación de la dependencia, modificaron las visiones de la realidad, cambiaron los puntos de vista del relato personal y colectivo, creando una nueva escala de valores. Se impuso la superioridad gubernamental, la idea que, en crisis, debemos buscar la forma de sobrevivir, incluso pasando encima de los otros. La violencia se justificó, de modo que al final, siempre la víctima, el muerto, es el culpable. Entonces, la noticia preferida por los cautivos fue la de los muertos.

Apoyados por el desarrollo tecnológico se facilitó, la aceptación que lo importante de los hechos dolorosos es la rapidez con que nos enteramos. Celebramos con gozo que lo importante es que el hecho irregular y doloroso sea comunicado a los que desde luego creemos que la muerte, en la medida en que esté ocupada en los otros, nos ha dejado tranquilos dentro de nuestros miedos, Y esta visión se impuso como filosofía vital. Por ello, como el perro de Pavlov, estamos acostumbrados a lo negativo, doloroso y sangriento. La noticia ahora es más que nunca, sangre, muerte y dolor. Y en el fondo, el gobierno usa este miedo para aumentar su control sobre la vida ciudadana. Secuestrando nuestra libertad.

Platero no comparte estas deformaciones. Todo lo contrario. Sin ruidos o aspavientos, construye un nuevo punto de vista: el del ciudadano común, solitario; pero orgulloso que no vende su libertad; y, ante la dominación pesada de los medios de comunicación, recupera para el ciudadano la capacidad de escoger lo suyo y le parece interesante. Por ello, su itinerario es hermoso y sugerente: el árbol amenazado, los pájaros inquietos sobre las líneas telefónicas, los postes abandonados por los trabajadores de la Enee, la obra inconclusa de los obreros que olvidaron cerrar el hueco amenazante de la calle; o el vendedor imaginativo que, frente a la pobreza, le hace frente a la vida. Es una visión que al tiempo que da esperanza de la capacidad del humano para enfrentar dificultad, nos reconcilia con la naturaleza y nos devuelve el poder para obligar a las autoridades para que cumplan su obligación de servirnos.

Este periodismo es malo para los que creen que la ciudadanía debe terminar en la cuna que mecen las autoridades que, desde el encierro de la pandemia, asumieron la dirección de nuestras vidas, manejándonos y haciéndonos sentirnos como si fuéramos sus hijos, destruyendo la libertad para escoger incluso qué pescado seco comprar. Ahora la nota roja no es prueba de debilidad de la autoridad para prevenirla, sino que señuelo que, sin ellas, nos iría peor.

En cambio, el periodismo de Platero es creativo, bello y esperanzador. Seguir su imaginación, poniendo el ojo sobre cosas que dan esperanza a la vida, nos devuelve la confianza en el futuro. Lastima que no tiene imitadores. El periodismo policial, domina casi todo, desafortunadamente.

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