17/07/2024
12:36 AM

Dengue: prevenir y no combatir

Víctor Ramos

Durante la campaña electoral de doña Xiomara, a través del Grupo Patria, se organizó un grupo para hacer propuestas para el plan de trabajo de Libre. Yo participé en el grupo de salud y desde ahí propusimos que el futuro gobierno debería impulsar una gestión de los problemas de salud mediante el retorno a la atención primaria mediante el fortalecimiento de los centros de salud rurales, municipales y los centros de emergencia y regionales. Sin que realmente estemos tajantemente en contra de la edificación de grandes hospitales, insistimos que ahora era el momento de enfrentar los grandes problemas de salud caracterizados por la prevalencia de las enfermedades prevenibles y que pueden ser evitadas mediante la acción conjunta del gobierno y la sociedad.

Esas sugerencias no tuvieron eco en el equipo gubernamental y el ministro de Salud impulsó su actividad enfocada principalmente en la construcción de grandes hospitales, uno de ellos dedicado al tratamiento de traumas, sin proponer una política realmente eficaz para detener o disminuir, al menos, la mortalidad y morbilidad causadas por los accidentes de tránsito. Hubo cambio de ministro, pero no de política. Ahora vemos las consecuencias.

En dos ocasiones, en esta columna, he señalado el error en enfocar la política de salud en la construcción de grandes hospitales, pero, igual, mis sugerencias no tuvieron eco. Ahora vuelvo sobre el tema porque, sin ser opositor al gobierno, creo que es mi obligación señalar las acciones que, a mi entender, van por mal camino. Actualmente el país está enfrentado a una terrible epidemia de dengue que, por desgracia irreparable, lleva, en estos momentos en que escribo estas líneas, una mortalidad de 50 compatriotas, según lo informan los medios de comunicación.

El dengue es una enfermedad que ha atacado anualmente a la población hondureña con cifras elevadas de morbilidad y mortalidad. El dengue es una de las enfermedades prevenibles que ocurren, en la dimensión de catástrofe como sucede actualmente, que puede perfectamente ser evitada. Todos sabemos que el vector de la enfermedad es el mosquito Aedes aegypti, transmisor del virus agente de la enfermedad.

La epidemia nos viene apaleando anualmente, sobre todo en las épocas lluviosas porque el zancudo transmisor se reproduce en las aguas estancadas, en los solares baldíos llenos de maleza, en las botellas y otros utensilios capaces de almacenar agua que son tirados a las calles y a los solares por los habitantes del país.

Los diarios del país reportan una morbilidad de 30,000 casos registrados en el país, el día 16 de junio. Las cifras seguirán en aumento y actualmente nos colocan como el país de Centroamérica con más morbilidad y mortalidad, y al año de 2024 como el más letal en Honduras.

Si todo el aparato estatal destinado a enfrentar los problemas de salud sabe perfectamente que la epidemia de dengue aparece anualmente con el comienzo de las lluvias, que la manera de combatir el dengue es erradicando o disminuyendo la propagación del mosquito transmisor, ¿por qué Salud Pública no se había preparado adecuadamente para enfrentar la proliferación del mosquito y el aumento a cifras inmanejables de contagiados por el virus con altos riesgos de mortalidad?

La detención de la propagación del mosquito y consecuentemente el atajo de la enfermedad no es responsabilidad exclusiva del Estado, pues la sociedad tiene una alta responsabilidad porque perfectamente puede realizar acciones en sus hogares y en sus comunidades para prevenir la enfermedad: limpiar las calles, ríos y riachuelos; evitar lanzar basura en las calles, especialmente botellas y vasijas capaces de almacenar agua; limpieza de los solares y otras áreas urbanas con crecimiento de malezas. El Estado, por su parte, debe vigilar los hogares para que se cumplan, estrictamente, las medidas para evitar la proliferación del mosquito mediante la colocación de insecticidas en los depósitos hogareños de agua, la fumigación para matar a los mosquitos adultos transmisores, la liberación de mosquitos tratados genéticamente para evitar la reproducción, la aplicación de la vacuna y la propaganda eficaz y fácil de entender para concientizar al pueblo en la necesidad de que tome las medidas preventivas para proteger su salud y su vida.

No estaba preparado el Estado para enfrentar la epidemia, como lo han aceptado los mismos personeros de Salud Pública, y es aquí en donde la sugerencia mía y de muchos especialistas de volver a la medicina preventiva y la atención primaria resulta que tenía sobrada razón.

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