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Decidiendo el destino de la nación

  • Actualizado: 20 septiembre 2013 /

“Hay desconfianza hacia quienes aspiran a ejercer el poder político porque con su propaganda no ofrecen horizontes para vencer tantas amenazas. Pareciera que la clase política no se da por enterada de que el país está tocando fondo”.

El propósito de las campañas electorales es la de influir en los electores y obtener más votos para ganar la elección. En el país 27 mil políticos, tratarán de convencer a 5.3 millones de ciudadanos según el censo sin depurar para que les den su voto.

Desde 1981 no hemos tenido campañas que propongan planes estratégicos. Hasta ahora han sido expresión de por lo menos tres actitudes: proclamación de deseos mentirosos, divinización del candidato como un nuevo mesías que redimirá al país de todos sus males y el ataque feroz al oponente mediante el insulto, la ofensa, el odio, la intimidación, la manipulación del discurso, las falsedades y zancadillas.

Serán tres meses de campaña, de “petición” directa del voto utilizando canciones, campos pagados en radio, televisión, periódicos, redes sociales y realizando concentraciones en diversos departamentos del país. Una vez más saturarán al pueblo con la propaganda. ¡Ojalá! no sean vacías de contenido y que no se conviertan en sueños irrealizables o cantos de sirena, o dicho de otra forma de propuestas inviables.

La población quisiera que todo el tiempo fueran elecciones, ¡en este tiempo es un país lindo! Todos quieren ayudar, solucionar los problemas que no se remediaron durante tres años, antes no había dinero, ahora sobra.

Es lamentable que los votantes entren en el juego de los políticos, hablan de vender el voto y no regalarlo, pocos piensan en votar por propuestas políticas consideradas válidas para edificar el país. ¡No sea tonto, no regale su voto! , sáquele el jugo a los políticos, es la frase común en medio del pueblo. Es de esperar que el electorado tenga capacidad de distinguir entre una propuesta (un proyecto) y un deseo. Las propuestas deben tener una meta y un plan de realización. Una propuesta es presentar solución a los problemas y en Honduras tenemos muchos: inseguridad, narcotráfico, desempleo, salud, educación por mencionar algunos, vías de comunicaciones, electrificación y sobre todo trabajo. Decían los obispos en Octubre de 2012: “Las comunidades cristianas están llamadas a participar en la vida democrática que Honduras ha elegido y define la Constitución de la República. Como fruto del compromiso social que brota de nuestra fe, los cristianos debemos participar en la vida política y tomar parte por tanto, en el ejercicio electoral, en la vigilancia para que las elecciones sean transparentes y justas, no solamente en el acto de depositar el voto, sino también en el control de los resultados electorales para evitar todo tipo de fraude. Y, sobre todo, en el seguimiento del actuar de las autoridades electas, puesto que nuestro voto no es un cheque en blanco que les hayamos entregado”.